Columnistas

La lección de física

El uso y abuso de esos términos ha descalabrado sus significaciones originales

La Razón / Jorge Komadina

02:00 / 08 de diciembre de 2011

Según la prensa nacional (La Razón 14/11/2011), el nuevo currículo escolar propuesto por el Ministerio de Educación ha incorporado una novedosa e inquietante lección de física: los movimientos sociales. Entre perplejo y preocupado, un dirigente de los maestros se animó a preguntar: “Pero, ¿qué tienen que ver los movimientos sociales con la física de Newton”? 

Sobre este incidente caben dos explicaciones. 1) Hipótesis perversa: se trata de un salto epistemológico que ha logrado, al fin, fusionar las ciencias “duras” con las ciencias “blandas”. 2) Hipótesis benigna: se trata de un lapsus linguae provocado por el excesivo celo revolucionario de algún funcionario de menor rango.

Yo me inclino por la segunda explicación, pero aclaro que detrás del lapsus (que es el “error” que revela el deseo) está escondido un genio invisible, el “demonio de la analogía”. De hecho, la mayor parte de los conceptos de las ciencias sociales fueron construidos analógicamente con relación a los conceptos consagrados por la física newtoniana: fuerza, masa, revolución, poder, movimiento, transformación. No es una casualidad que, en su momento fundacional, la sociología haya acariciado la idea de construir una “física social”; Marx habló de “leyes de la historia” y Durkheim invitó a considerar los hechos sociales como “cosas”.      

En realidad, ni el lenguaje ordinario ni la jerga sociológica podrían funcionar sin analogías. Las ciencias sociales tienen un espléndido e inagotable repertorio de metáforas que provienen no sólo de las ciencias naturales, sino también del teatro (actor, trama), del arte de la guerra (vanguardia, táctica), de la biología (cuerpo social, organismo) y de otras familias semánticas. 

No obstante, existe un peligro, justamente llamado el “demonio de la analogía”, y consiste en aplicar a toda costa, en toda situación, una analogía que sólo es pertinente para pensar un asunto particular. Cuando empleamos ideas-fuerzas de manera irrestricta y compulsiva corremos el riesgo de “reificar” o “cosificar” un vocabulario metafórico, limitando nuestras capacidades cognitivas. 

La aprobación de la nueva Constitución no sólo ha consagrado una profunda transformación en el “campo político”, también ha hecho emerger otro continente de metáforas e imágenes: proceso de cambio, Estado Plurinacional, interculturalidad, descolonización. Probablemente, en algún momento, esos términos han permitido pensar realidades políticas novedosas, pero su uso y abuso ha descalabrado sus significaciones originales. 

Ojalá pues que nuestros niños estudien el concepto de revolución en sus lecciones de astronomía/sociología. En ellas aprenderán con Marx que la revolución no se restringe a un cambio político rápido y profundo, puesto que ella es la emancipación de los hombres de toda superstición política, pero también aprenderán con Newton que ella es el movimiento de un astro a lo largo de una órbita completa, es decir, el eterno retorno de Lo Mismo.

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