Columnistas

La ley y las bebidas adulteradas

Bebidas adulteradas, que atentan contra la vida y la salud, se ven-den todos los días en la mayor impunidad

La Razón / Baldwin Montero

01:24 / 22 de enero de 2013

Tras la resaca de Año Nuevo, los preparativos para el Carnaval ya ocupan el primer lugar en la agenda de los fiesteros bolivianos, y en este caso los más entusiastas son los jóvenes. No cuento con estadísticas que lo confirmen, pero presumo que es cuando más consumo de bebidas alcohólicas se registra entre este sector de la población; lo deduzco, por ejemplo, observando la composición etaria de las fraternidades y comparsas carnavaleras.

De lo que no dudo es que los jóvenes, con algunas excepciones, consumen lo más barato; y lo más barato en este caso es tan peligroso que incluso puede comprometer sus vidas. Son bebidas generalmente adulteradas, y que por tanto no aseguran calidad ni higiene en su elaboración. No sólo eso, muchas están elaboradas con alcohol metílico, que no es apto para el consumo humano y que puede ser fatal si se ingiere en una cantidad que oscile entre 20 y 150 gramos.

Y todos sabemos que el mercado nacional está abarrotado de estas bebidas que se expenden sin control, excepto cuando se aproxima alguna festividad y las autoridades realizan operativos para mostrar su eficiencia. En diciembre, por ejemplo, en un operativo en La Paz se decomisaron cerca de 3.000 botellas; y en Cochabamba se destruyeron más de 6.000. A las botellas les fue mal, pero no ocurrió lo mismo con los expendedores.

A principios de año, un joven de 25 años murió en Potosí por “asfixia por broncoaspiración seguida a una intoxicación alcohólica aguda”. Había bebido ron adulterado con metanol. Como él, miles están expuestos a la muerte cada vez que compran bebidas sin garantía, como los famosos combos que por Bs 20 o Bs 30 incluyen la bebida más un refresco y hasta una cajetilla de cigarrillos. Los combos están entre los preferidos en las entradas del Carnaval.

Pero esto no es exclusivo de estas fechas. Todos los días, locales y licorerías, no todos por supuesto, venden estas bebidas en la mayor impunidad y no hay antecedentes de que quienes cometen esta criminal arbitrariedad resulten sancionados. Lo más que logra un cliente que se queja por ello es que le cambien de botella por otra, que tampoco es garantizada; y si se queja nuevamente, de seguro recibirá una invitación para abandonar el local. Claro, si es un buen catador y acude sobrio al local, porque si no lo es o está borracho, volverá a casa con su dosis de alcohol metílico en la sangre o, en el mejor de los casos, después de haber pagado por una bebida diluida con quien sabe qué.

Lo que molesta es que aunque estas prácticas están penadas en la legislación boliviana, al margen de las botellas decomisadas y los operativos en vivo, no hay antecedentes de personas recluidas por atentar contra la salud pública con la venta de bebidas alcohólicas adulteradas. Hay procesos por delitos contra la salud pública en casos de venta de alimentos en mal estado, y hasta por circular minerales que parecían uranio contaminado en las calles de la ciudad de La Paz, pero, por vender bebidas con tóxicos, no.

El artículo 216 del Código Penal establece una privación de libertad de uno a diez años para quien “comerciare con substancias nocivas para la salud o con bebidas y alimentos mandados inutilizar” y para quien “cometiere actos contrarios a disposiciones sobre higiene y sanidad”. Creo que estos dos artículos son más que suficientes para castigar como corresponde a las personas que comercializan bebidas adulteradas. Y las autoridades deberían hacerlo con operativos menos mediáticos y previsibles y más reservados y regulares, antes de que se repitan casos como el de Potosí. Meter a prisión a un par de estos criminales será mejor que 100 operativos.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia