Columnistas

De leyes y libros

Nadie puede negar que la Ley del Libro es un gran avance para iniciar políticas de fomento a la lectura

La Razón / Homero Carvalho Oliva

00:11 / 09 de mayo de 2013

Umberto Eco dijo que el “libro es como la cuchara, el martillo, la rueda y las tijeras, una vez inventado, no se puede hacer nada mejor. El libro ha superado la prueba del tiempo... quizá evolucionen sus componentes, quizá sus páginas dejen de ser de papel, pero seguirá siendo lo que es”; y así es, pese a todo, el libro sigue vigente, cambia de formato y soporte y sigue actual. El futuro ya está aquí y el libro también.

La cita de Eco viene a colación de que el lunes 29 de abril, integré la delegación cruceña que viajó a La Paz para estar presente en la promulgación de Ley del Libro y la Lectura, que lleva el nombre de nuestro entrañable Óscar Alfaro, el poeta de los niños. Durante la tarde visitamos la feria infantil y juvenil que se desarrollaba en los salones del Club de La Paz y antes de subir al Palacio Quemado nos fuimos al café La Paz, buscando otros años, pero el malhadado paso del tiempo nos mostró que ya no estaban los parroquianos de antes, esos famosos políticos, intelectuales y poetas que hicieron de este lugar algo mítico.

En el Palacio Quemado nos encontramos con libreros, editores y escritores. En la reunión, Peter Lewy, librero de oficio y vocación desde hace muchos años, recordó que tuvieron que pasar cerca de 30 años para que esta ley sea promulgada. A ninguno de los anteriores gobiernos les interesó, no le dieron importancia, la ningunearon, no faltó quien recordó que ni siquiera un presidente intelectual, escritor y proveniente de una familia de libreros abogó por ella. Hasta que Evo Morales y Pablo Groux, ministro de Culturas, decidieron apoyar el proyecto y listo. No había sido difícil.

Es cierto que aún falta la reglamentación y que con ella se podrán subsanar algunas omisiones de la norma, pero nadie puede negar que sea un gran avance para iniciar seriamente políticas nacionales, departamentales y municipales de fomento a la lectura. La cita sirvió para que luego, Carla María Berdegué, Jorge Luis Rodríguez, Peter Lewy, Sarita Mansilla, Ernesto Martínez, Marcel Ramírez, mi persona y Carmen Sandoval nos dediquemos a rememorar las ya desaparecidas librerías paceñas como la Tejerina, Selecciones, La juventud, Ictus, y Difusión de Jorge Catalano que también era sello editorial y que le publicó a Mario Vargas Llosa Historia de un deicidio, un erudito ensayo sobre la lengua y la estructura narrativa de Gabriel García Márquez, que le sirvió para optar al doctorado con calificación suma cum laude. Claro que esto fue antes de la ya famosa pelea entre ambos.

Los libreros que nos acompañaban recordaron que en las épocas de dictadura tenían que esconder los libros subversivos, y Peter Lewy contó que fue detenido durante la de García Meza. Yo por mi parte recordé a los libreros de la avenida Montes, donde se podían encontrar algunas rarezas bibliográficas. Allá compré los tres tomos de El loco de Arturo Borda de los que ahora sólo tengo dos, porque no sé a quién le presté el primero y cada vez que lo recuerdo también rememoro el dicho de que nunca se sabe quién es más tonto, el que presta o el que devuelve.

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