Columnistas

Los ‘librepensantes’

En la Asamblea Legislativa hoy se antepone la dirección política, la voluntad de poder, la ideología

La Razón / Humber Velásquez

00:00 / 16 de junio de 2013

Una de las grandes virtudes del MAS es que tiene una línea política bien definida, que deben seguir sus militantes. Lineamiento denominado por el vicepresidente García Linera  como el “centralismo democrático”. Es decir que en el MAS las decisiones las centraliza la élite gobernante, y en este sentido no se acepta deliberaciones opuestas al interior del partido de gobierno.      

Las decisiones políticas se reducen al entorno del presidente Evo Morales, conformado por el Vicepresidente y su gabinete ministerial. De esta manera es que la Asamblea Legislativa Plurinacional, compuesta en su mayoría por miembros del oficialismo, se convirtió en portavoz de las decisiones de la élite gobernante. La libertad de expresión, el disenso, la crítica quedó en un segundo plano, y más bien hoy se antepone la dirección política, la voluntad de poder, la ideología.

Fue natural que el MAS, al ser un partido hegemónico y al tener dos tercios de votos en la Asamblea, produzca disidencias en su propio seno. Los “librepensantes” quizás sean la tercera corriente en las filas del MAS, más allá de las dos grandes corrientes que actualmente existen en el Gobierno: “los evistas y los lineristas”.

Se debe recordar que el MAS en sus inicios fue un cuadro de masas que aglutinaba a varios sectores sociales. Ahora, al ser Gobierno, se estructuró en una nueva élite, desplazando a la vieja élite (de los partidos tradicionales). Resulta interesante el surgimiento de esta nueva corriente, ya que al generar divergencias, de alguna manera contribuye al sistema democrático del país a partir de la crítica, la reflexión y la fiscalización. Pero este pensamiento sólo queda en el “deber ser”, ya que antes se interpone la idea única por encima de la pluralidad de criterios.

Cada revolución trae consigo cambios estructurales donde se persigue una voluntad y una idea. En cambio, la disidencia y la crítica históricamente fueron ajenas a los procesos revolucionarios.

La historia ha demostrado que la uniformidad de los partidos políticos limita el pensamiento de los militantes, cuando más bien debería respetarse. De todas formas, el MAS goza de una dirección política, y por ende de gobernabilidad. Sin embargo, carece de autocrítica y de divergencia, que son mecanismos inherentes a la democracia. Pero analizando desde otro punto de vista la divergencia, la falta de acuerdo produce poca gobernabilidad, lo cual no convendría a ningún partido de gobierno. Lo ideal sería respetar las divergencias en el seno mismo del partido político, y de esa manera hallar puntos de acuerdo y de reflexión.

Es politólogo, responsable de la sección de monitoreo de La Razón.

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