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Los límites de la etiqueta ‘islámica’

La Razón (Edición Impresa) / Fareed Zakaria

00:00 / 22 de marzo de 2015

El presidente Obama ha sido acusado de corrección política debido a su poca disposición por acusar de “extremismo islámico” a grupos como el Estado Islámico (EI) y de elegir un término más genérico: “extremismo violento”. Sus críticos dicen que no puedes luchar contra un enemigo al cual no nombras. Incluso las personas que lo apoyan sienten que su enfoque es demasiado “magistral”.

Sin embargo, lejos de ser un experto preocupado por describir el fenómeno con exactitud, el Presidente ha decidido deliberadamente no enfatizar la dimensión religiosa del Estado Islámico por razones políticas y estratégicas. Después de todo, ¿cuál sería la consecuencia práctica de calificar al grupo, también conocido como ISIS, de islámico? ¿Acaso Occidente lanzaría más bombas sobre su territorio? ¿Enviaría a más soldados para combatirlo? No, pero sí haría sentir a varios musulmanes que su religión está siendo difamada injustamente. A su vez, desanimaría a los líderes musulmanes que han censurado continuamente al EI por ser un grupo que no representa al Islam.

No obstante, “el Estado Islámico es islámico, muy islámico”, escribe Graeme Wood en un ensayo bastante comentado, publicado este mes en la revista The Atlantic. Dicho trabajo es un informe inteligente y detallado en el que Wood describe la ideología que estimula al Estado Islámico.Argumenta que sus miembros no son personas seculares con metas racionales; sinceramente creen en su ideología religiosa.

El ensayo de Wood me recuerda a algunos de los tratados escritos durante la Guerra Fría que señalaban que los comunistas realmente creían en el comunismo. Por supuesto, varios líderes del EI creen en su ideología. No obstante, cabe preguntarse por qué esta ideología ha surgido en este momento y por qué actualmente resulta tan atractiva para un grupo (en realidad pequeño) de hombres musulmanes. Wood describe que el EI ha “recuperado tradiciones que han estado inactivas durante cientos de años”. Exactamente, ha redescubierto e incluso reinventado una versión del Islam para sus propios objetivos en el presente.

El ensayista señala que los grupos de seguidores suponen una “vuelta atrás a los primeros tiempos del Islam”. Esto es el Islam que era practicado en el desierto 1.400 años atrás. Sin duda, la cuestión más destacada no es que el Islam medieval contenga varias prácticas medievales tales como la esclavitud (que figura prominentemente en la Biblia también), sino el interrogante de ¿por qué hoy en día esta versión del Islam ha encontrado personas que la apoyen?

Wood se impresiona del académico de Princeton Bernard Haykel, quien asegura que las personas desean hacer la vista gorda a la ideología del EI debido a razones políticas. “La gente quiere absolver el Islam”, cita a Haykel señalando: “Es este mantra de que el Islam sea una religión de paz”. Como si hubiese algo como el “¡Islam!” ¡Se trata de lo que los musulmanes hacen... ! Cierto. Hay 1.600 millones de musulmanes en el mundo y tal vez 30.000 sean miembros del EI. Sin embargo, Haykel piensa que la performance del 0,0019% de los musulmanes define la religión. Me pregunto quién está actuando políticamente.

“La pregunta más interesante acerca de las ideologías es por qué triunfan en un momento dado”, dice el profesor Sheri Barman de Barnard College. “Una ideología triunfa cuando reemplaza a otro conjunto de ideas que han fracasado”. Y a lo largo de Medio Oriente, las ideas que han fallado son conceptos tales como el panarabismo, el socialismo e intentos incipientes de la democracia, el liberalismo económico y el secularismo. Los regímenes que han adoptado estos principios se han transformado generalmente en dictaduras represivas que producen un estancamiento económico y un retroceso social. En algunos casos la nación misma ha colapsado. A la luz de este fracaso, los grupos como el EI pueden decir que “el Islam es la solución”.

La batalla de estas ideologías puede observarse claramente en la vida de un hombre, Islam Yaken, descrito brillantemente por Mona El-Naggar del periódico The New York Times. Yaken, un entrenador físico del Cairo de clase media, estaba interesado principalmente en ganar dinero y conocer mujeres. “Cualquier muchacho sueña con tener abdominales bien definidos para quitarse la remera en la playa o en la piscina y que la gente lo observe”, manifestó en un video lúdico de ejercicios filmado dos años atrás.

Sin embargo, “sus sueños comenzaron a quebrarse debido a la economía deprimida de Egipto y a los disturbios políticos”, destaca el artículo. No lograba encontrar trabajo y comenzó a soñar con abandonar Egipto. Como consecuencia de la caída de la revolución democrática del país y del regreso de la dictadura militar, aumentó su alineación política. Al cuestionar sus opciones de vida, Yaken se vio atraído hacia una ideología muy diferente; una versión del Islam caracterizada por ser rigurosa y militante.

Con 22 años, Yaken hoy lucha por el Estado Islámico en Siria. Durante la última estación del Ramadán twiteó una foto de un cadáver decapitado.

Su publicación decía: “de veras, las vacaciones no estarían completas sin una foto de los cadáveres de los canallas”. Actualmente Islam Yaken es un verdadero creyente. Pero la pregunta es ¿cómo llegó allí? Y ¿cuáles fueron las fuerzas que lo ayudaron a continuar? Etiquetarlo como islámico no ayuda realmente a comprender nada de eso.

 

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