Columnistas

La llama es limpia y culta

La llama, lo mismo que el indio, era considerada poco menos que despreciable en la Colonia

La Razón / Félix Layme Pairumani

01:18 / 24 de abril de 2012

Qarwani, qarwani…” era el desprecio de los propios y extraños. Así manifestaban algunos colonizados mentales de la misma población indígena que se habían olvidado que ellos también eran indígenas llameros. Hasta las propias toponimias de sus pueblos provenían de algunos nombres de los auquénidos, pues sus antepasados también eran pastores de llamas. Pero ellos también habían aprendido a despreciar a otros indígenas, e incluso lo hacían mejor que los de origen hispano. No habían entendido que todo da vueltas; es decir, que la historia es cíclica y que el espacio-tiempo sería retro-progreso.

La llama, lo mismo que el indio, era considerada poco menos que despreciable en la Colonia y aun en la República. Mucha gente de la sociedad criolla, antes del fin del siglo XX, detestaba comer carne de llama; cuidar y criar a estos animales; incluso para los mismos indios refinados era lo peor. De ahí aquella manía de llamar qarwani con desprecio; les hacía sentirse superiores, pero hoy resulta ridícula. Después de unas décadas, la llama fue valorada. Había que preguntar a los especialistas en la materia sobre sus cualidades y bondades. La carne de los auquénidos y su fibra hoy son cotizadas en Europa. Antes uno prefería ser maestro rural que ser un llamero; hoy los qarwanis reciben apoyo financiero externo e interno para fomentar la crianza de llamas. ¡Cómo han cambiado las cosas! 

La llama, en realidad, es limpia, educada y culta y, como el resto de los animales domésticos, no hace baño en cualquier lugar, sino en un sitio específico llamado chhuynu; de ahí, el campesino recoge con facilidad la taquia cuando ya está seca para usarla como combustible. Tampoco es un animal depredador, pues no arranca el pasto de raíz, como otros animales, sino que consume su alimento mordiendo la parte tierna y sobresaliente del pasto. La llama es educada, porque cuando en las tardes se la convoca con un silbido, todas corren junto a su cuidador para irse a la casa a descansar.

Y le gusta la música: don Néstor Tintaya Mamani, miembro de Los Rumi Llaqta, conjunto folklórico boliviano que siempre está de gira en Europa y Asia, refiere que una vez, estando en un país escandinavo, después de su brillante actuación en la ciudad, fueron contratados por un gringo para actuar en su casa de campo. En estos países nieva la mayor parte del año y son tan fríos que la temperatura en invierno desciende hasta los 20 grados centígrados bajo cero.

Una vez concertada su actuación, se  instalaron para interpretar las melodías andinas. Tintaya cuenta que no había mucha gente para escuchar su repertorio; en el patio abierto y nevado sólo estaban el gringo y su escasa familia. Cuando los Rumi Llaqta empezaron a tocar música clásica, de pronto una considerable cantidad de público se acercó para escuchar las melodías. Eran las llamas del gringo, todos quedaron estupefactos. Dicho europeo había criado allí una treintena de auquénidos adquiridos en Sudamérica.

Volviendo a la colonización mental, esas almas confundidas, indígenas y no indígenas, hoy tienen que ver, turulatos, que un qarwani llegaría muy alto en la política. ¿Esa gente con aires de discriminación se remorderá por su ignorancia? ¿Habrá aprendido la lección de que todo es cíclico? Si no lo hacen, peor para ellos, no podrán disfrutar de esta nueva era de alteridad y participar de una nueva sociedad cuántica que ha empezado.

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