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No llegar tarde

Hoy, el gran desafío es garantizar la salud de nuestras áreas naturales, que generan bienes y servicios

La Razón / Raúl Pérez Albrecht

01:04 / 15 de marzo de 2012

Ya son cinco años desde que se apagaron las luces en Australia a través de la campaña la hora del planeta. Acción que fue pensada para llamar la atención de líderes y personas del mundo respecto a la necesidad de encontrar soluciones al calentamiento global. El reloj nos indica que estamos muy atrasados para hacer algo al respecto. Es más, algunos países ni pretenden moverse de su cómoda silla industrial para invertir en una matriz energética que sea sostenible para la subsistencia del planeta.

El mundo en la actualidad está al mando de quienes no quieren o no pueden tomar decisiones. Por un lado, están los países industrializados quienes ya estropearon la normalidad climática de nuestro planeta a cambio de las millonarias sumas que sustentan su economía y formas de vida.

Por el otro, están los países que contienen en sus territorios las áreas naturales que de ser conservadas podrán contribuir al mantenimiento de vida de nuestro planeta. Estos últimos esperan que el patrón energético de los países industrializados se modifique; y por otra parte, planifican su patrón de desarrollo en base a la extracción de sus recursos naturales.

Al medio del poder y la toma de decisiones se encuentran los ciudadanos, tanto del Primer como del Tercer Mundo; quienes, en su generalidad, nacimos, crecimos y nos educaron disociados de los valores naturales que sustentan nuestras vidas.

Hoy el tiempo corre y los grados de temperatura suben de manera irreversible. Los ricos seguirán haciendo lo que hacen, para sustentar el modo de vida de sus sociedades. Los demás países seguiremos basando nuestras esperanzas de desarrollo en nuestra agricultura, ganadería, la explotación de gas y petróleo, la minería y el desarrollo de infraestructura para igualarlos.

El desafío que nos toca para adelante es garantizar que nuestras áreas naturales estén sanas, garantizando así su capacidad para generar bienes y servicios ambientales para todos. Esto significa trabajar diariamente en las ciudades para contribuir en la reducción de nuestros consumos de agua, electricidad, así como la reducción y ordenamiento de nuestros residuos sólidos.

La hora del planeta es un llamado para que empresas, gobiernos y personas (como yo y usted) apaguen sus luces durante una hora, como un acto simbólico para demostrar globalmente nuestra preocupación por el cambio climático y manifestar nuestro compromiso para encontrar soluciones y nuevos caminos que salven a nuestra Madre Tierra. Se trata de una cita a la cual no debemos llegar tarde.

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