Columnistas

La lógica del patrón-patriarca

La Razón (Edición Impresa) / La H Parlante - Rafael Archondo

02:40 / 01 de septiembre de 2014

Importa en algo que la grabación haya sido filtrada a los medios por una persona afín al MAS?, ¿debe preocuparnos mucho si el diputado Jaime Navarro y su esposa agacharon cabezas ante la amenaza explícita de su patrón-dirigente partidario?, ¿será importante saber si Navarro golpea ebrio o golpea sobrio?, ¿es relevante, a estas alturas de la audición, preguntarse si fue la esposa de Navarro quien registró, a escondidas, aquel diálogo bronco, áspero, humillante y deplorable?, ¿tendrá que interesarnos ahora si ese audio es aprovechado de inmediato por el partido de Estado para sellar la reelección de su también patriarca y líder nacional?

Propongo como respuesta a todas esas preguntas un “no” más o menos rotundo. Lo central es que lo escuchado, sucedió. No hay voces fingiendo, ni arreglos de sonido. ¿Es acaso entonces una conversación mutilada con fines perversamente electorales? Tal vez. Convengamos en que pudieron haber hablado de otras cosas luego, variando de tonos, y, quizás haber matizado lo dicho, pero no quedan dudas de que se trata del retrato hablado de un gamonal.

Ahí habla, con acento imperativo, quien dispone de vidas y haciendas montado en el solo hecho de tener dentro de sus planillas una corte de abogados y aduladores. Solo una persona acostumbrada a satisfacer todos sus apetitos con el fácil expediente de abrir la billetera puede llegar a diseñar una solución “político-conyugal” de semejante factura. No es guerra sucia; sucia es la forma en que el “compadre-candidato” amenaza con despedir a uno, y reubicar a la otra, si es que no firman el “papelito”.

Aquel que le sale rezongón, peca de “complicado”, y es desplazado al “paraíso”, en este caso, a la capital del Beni. Ahí está el sentido profundo de todo este embrollo. Cuando no sirves de instrumento, te transformas en obstáculo. Hoy entendemos mejor en qué consiste eso de venir “corriendo desde abajo”, y allí van quedando los despojos, a la vera del camino, en ese incesante ascenso por encima de los otros, pero, sobre todo, de las otras. El audio de la charla entre la señora de Navarro y el señor del cemento ha terminado por precipitar a tierra un liderazgo que se jactaba de ser alternativo. Viene manchado por la naturalidad del gesto condescendiente y triturador.

Visto y oído en perspectiva, ahora todo, al fin, se comprende. Doria Medina les hizo a sus empleados-militantes lo mismo que quiso hacerles a los reflexivos defensores de la democracia que se agruparon en torno al ya extinto Frente Amplio. Los atrajo bajo la bandera de la unidad antimasista. Una vez adentro, pagó una encuesta para garantizarse el primer asiento. Muy poco le importó el debate interno, la posibilidad de confeccionar un programa, la necesidad de contar con los más competentes. Los usó mientras duró la disputa con Juan del Granado y, claro, como no firmaron el “papelito”, abrió la puerta del garaje para permitirles una salida decorosa. Bien por ellos: el gamonalismo no se cura con la versión rubia de lo mismo.

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