Columnistas

Las luciérnagas y el sol

Los imprescindibles son los que no esperan el mañana, sino que caminan toda la noche a su encuentro

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Iturri Salmón

02:11 / 19 de febrero de 2016

Más allá del tema electoral que confieso me ha cansado y de sobremanera, al final he decidido abandonar Facebook hastiado de tanta bajeza, de tanta guerra sucia, de dimes y diretes (en un 90% mentiras). Lo dijo Umberto Eco claramente: las redes sociales son el refugio de los cobardes, y creo que más que para informar sirven de catarsis para cuanto resentido hay en el mundo.

Así, he leído a examigos en una campaña de lo más mezquina atacando la vida privada, mintiendo, de una manera que, lo confieso, amable lector, me ha revuelto el estómago. Pero esto se acaba el domingo y el lunes el mundo seguirá girando y habrá que seguir pedaleando. Y si el sol ya no sale, habrá que inventar uno artificial para que nos ilumine. Esa nueva luz será posible si nos convertimos en pequeñas luciérnagas que encendidas al unísono podamos iluminar el camino. Ya lo decía el subcomandante Marcos, los verdaderos imprescindibles son los que no esperan el mañana, sino que caminan toda la noche a su encuentro. Y si el sol sigue saliendo, servirá para recalentar las pilas de las luciérnagas.

Y en esas reflexiones estaba mientras escuchaba a Silvio Rodríguez y repetía: vivo en un país libre, cuando leí que en Rumania, en un municipio, uno podía viajar gratis en el transporte público con la única condición de que estuviese leyendo un libro mientras dure el trayecto. Y dije, esos sí que la tienen clara.

Entonces recordé que en el subterráneo de Buenos Aires, en la estación Plaza Italia para ser específicos, encontré un muro donde podías sacar un QR con tu teléfono inteligente de 300 libros que inmediatamente pasaban a tu dispositivo y podías aprovechar el viaje para leerlos. Y dije, esta idea la llevaré al teleférico, para que los paceños puedan bajar en las estaciones cuentos y novelas nuestras, y así leerlas. Claro que esto también sirve para Cochabamba y Santa Cruz con sus trenes.

Y sentí, de nuevo, que todo tiene sentido, que pese a la violencia, a la mentira, a la contratación de mercenarios, encontraremos vías para abrir ventanas y puertas, y traspasaremos las murallas intelectuales de nuestros prejuicios, de nuestro racismo y de nuestra ignorancia, para nunca arrojar al bebé con el agua sucia, para calentarnos con el sol, cuando éste esté, y convertirnos en luciérnagas cuando se apague. Me despido, tengo que ir a leer Besar al detective de Elmer Mendoza, una policial mexicana más interesante, muchísimo más, que el Facebook.

Es periodista.

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