Columnistas

Los machos

La violencia ejercida sobre alguien más débil no es valentía, sino una muestra de debilidad y cobardía.

La Razón (Edición Impresa) / Alejandro F. Mercado

00:00 / 24 de septiembre de 2016

Arreglemos este asunto como hombres” o, con mayor frecuencia, “Vamos afuera”… son las expresiones de quienes generalmente cuentan con muy pocas neuronas. El caso más patético de estas perturbadas maneras de demostrar su valentía de quienes se creen muy machos podemos ejemplificarlo con el perverso acontecimiento acaecido cuando un dizque profesor de una universidad pidió a sus estudiantes que le llevaran un perrito para que él lo matara con sus manos delante de ellos. A mano limpia, seguramente habrá expresado el muy macho profesor. Algún estudiante valiente lo denunció y en esos días la prensa dio cuenta de este ignominioso incidente, pero como ocurre con todo lo que hoy es noticia, mañana deja de serlo.

La violencia ejercida sobre alguien más débil no es fuerza ni valentía, sino una muestra de debilidad y cobardía. Esta violencia, que en su extremo puede ser física, nos hace similares a las bestias, aunque en esta comparación seguramente saldríamos perdiendo. Pero la violencia, como último recurso de los incompetentes, puede estar revestida de acciones aceptadas e incluso aplaudidas por ciertos grupos de la sociedad; tal es el caso de la violencia que ejercen ciertas personas con base en su poder, sea éste de cualquier índole.

¿Qué es la verdadera valentía? Siguiendo el legado de Aristóteles podemos decir que la valentía no es la ausencia de miedo, sino una virtud que tienen ciertos hombres para llevar adelante un emprendimiento, a pesar de conocer las dificultades y los obstáculos que se tendrán que enfrentar para alcanzar sus objetivos. En la misma línea, el filósofo estagirita destaca que es moralmente deseable que los hombres tengan temor a la injusticia y a la infamia; que este temor no debería tener ningún tipo de valoración en términos de valentía o cobardía, sino que, por el contrario, debe ser valorado como una actitud razonable a la hora de tomar ciertas precauciones.

Infligir daño a quien no tiene la capacidad de defenderse es simplemente un vil acto de cobardía que cualquiera puede ejecutar, pero, como nos enseñó Gandhi, el saber perdonar y mostrar amor por aquellos que incluso pudieron habernos causado algún daño es solamente prerrogativa de los valientes. En cualquier circunstancia de la vida, el éxito de cualquier emprendimiento no descansa en la fuerza física, sino en la verdadera fuerza de nuestro espíritu, como Dios nos dijo en las palabras de Josué: “Esfuérzate y sé valiente”, pero cabe recordar que esta recomendación viene acompañada de una promesa: “Porque yo estaré contigo dondequiera que vayas”.

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