Columnistas

¡Duele celebrar!

La Razón (Edición Impresa) / Karina Sauma

23:52 / 15 de abril de 2019

El 22 de abril se celebra el Día Internacional de la Madre Tierra. Se trata de una fecha propicia para recordar que la Tierra y sus ecosistemas son nuestro hogar. Y que para alcanzar un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras es necesario promover la armonía con la naturaleza y el planeta.

Para las Naciones Unidas, el Día Internacional de la Madre Tierra ha sido impulsado “para recordar que el planeta y sus ecosistemas nos dan la vida y el sustento. Con este día asumimos, además, la responsabilidad colectiva, como nos recordaba la Declaración de Río de 1992, de fomentar esta armonía con la naturaleza y la Madre Tierra”.

¿Es posible celebrar esta fecha considerando el elevado deterioro ambiental que estamos dejando en el planeta? Estamos viviendo una crisis ambiental muy severa: cambio climático, pérdida de biodiversidad, expansión descontrolada de la frontera agrícola, autorización para el uso de transgénicos, escasez de agua, incendios forestales, contaminación… La lista es extensa y son muy pocas las esperanzas de encontrar un camino en el que podamos visibilizar un escenario alentador para las generaciones futuras.

Un claro ejemplo de ello son los últimos datos presentados por la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN) y la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG). De acuerdo con esta información, entre 2000 y 2017 se han perdido 3,6 millones de hectáreas (ha) de formaciones vegetales en la Amazonia boliviana (bosques, arbustos y/o pastizales, entre otros).

Contrariamente, los suelos destinados a la agricultura y la ganadería se han incrementado en un 122%, al pasar de 3 millones de hectáreas a 6,7 millones. Es decir que en los últimos 18 años 3,7 millones de hectáreas (una superficie equivalente al departamento de Tarija) que antes eran un paisaje natural en la Amazonia se han convertido en tierras de cultivo o de pastoreo.

Duele ver el daño que le estamos causando a nuestra Madre Tierra, duele pensar que nuestros hijos van a vivir con una temperatura promedio dos o más grados centígrados superior a la actual cuando sean adultos, duele ver cómo monetizamos los bosques sin importarnos las funciones ambientales y la importancia de su conservación. Duele celebrar el Día Internacional de la Madre Tierra cuando nos importa más deforestar que trabajar por un desarrollo sustentable. Ya no podemos seguir siendo ingratos y malagradecidos con este planeta que puede vivir sin nosotros, pero nosotros no podemos vivir sin él.

* Directora de comunicación de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN).

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