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Todos tienen una madre…

La Razón (Edición Impresa) / Mantología - Jorge Mansilla Torres

00:00 / 27 de mayo de 2018

Ahí va la cancioncita sonando en Cochabamba en cada Día de la Madre. La entona el argentino Leopoldo Dante Tévez (Leo Dan), presumido que afirma que “todos tienen una madre, ninguno como la mía”,  y por la que pide a Dios que no muera y “quede dentro mi rancho como estampita siquiera…”, de adornito decorativo.

La canción no es mala; lo lamentable es que en la Llajta se ha vuelto emblemática y socorrida desde hace medio siglo, año con año, gracias a las radios que la ofrecen a sus oyentes como “homenaje filial, inolvidable y sempiterno a la autora de nuestros días”; según peroran los locutores que, sin talento ni creatividad (condiciones de toda gente ante un micrófono) pululan en el dial y le ponen tarifa de regalo “para los oyentes que con este temita trascendental quieran decirle algo a sus mamacitas adoradas (…)”.

Digo que eso ocurre en Cochabamba, la ciudad que los bolivianos vinculamos, por costumbre y civismo escolar, a las madres cuando conmemoramos el martirologio de las patriotas que el 27 de mayo de 1812 enfrentaron, encabezadas por doña Manuela Gandarillas, a las tropas realistas en la colina de San Sebastián, la Coronilla. Valientes mujeres que fueron pasadas a cuchillo por los invasores al mando del arequipeño Goyeneche. Es en honor de esas heroínas que en Bolivia se celebra en este día a las mamás.

¿Leo Dan, Goyoneche, Coronilla, Gandarillas..? Revuelvo ese menjurje para reclamar ante los creadores bolivianos por una canción justa y simbólica en honor de la madre. En Cochabamba pasó aquella gesta histórica (que nos dio a Bolivia como madre), pero ese episodio tiene visos de ingratitud, ergo, olvido, excepto por esta fecha. No tenemos la canción esencial para las mujeres que sostienen la vida digna por los suyos, que aman y son amadas, que dan desvelo y reciben gratitud. Todo se reduce a unas palabras alusivas a la ocasión o, vamos, a lo que escribí en el Perú, hace 44 años, en la revista Estampa del diario Expreso que dirigía el poeta Mario Benedetti: “Este domingo de mayo, vergüenza debiera darme, por pensar con un regalo que solo hoy merezco madre”.

Pero, pero… debo decir en justicia que Cochabamba tiene gente creadora que eleva su talento artístico hasta el nivel que consagra a la mujer en la maternidad. Hace más de 15 años que el cantautor Marco Lavayén grabó cuecas alegóricas para la gestante, la madre y la abuela. Tan bellísimas canciones no tienen, empero, la atención ni el favor (¿?) de la difusión socializada, masiva. En Fundadora de mi sangre se oyen cosas como estas: “Compañera joven madre/ tu destino viene en grande/ tiene libertad de cueca/ lo que se gesta en tu vientre. (…) Con cariño y buena letra/ de adentro viene esta cueca/ para que baile la madre/ fundadora de mi sangre/ pañuelo agitado al viento/ bandera de paz al tiempo. (…) El secreto es de los dos/ abuela madre mayor/ el sauce grande del puente/ que nunca pierde su verde/ me ha jurado no llorar/ en homenaje a tu edad (...)”.

Otro singular trabajo fue hecho por el cochabambino Julio A. Mercado y su grupo Canto Vivo, cuando en 2012 se grabó toda una cantata para las Heroínas de la Coronilla. A ninguna autoridad gubernamental cochabambina le interesó aquella obra maestra; solo la Universidad de San Simón dispuso la participación de grupos de baile y escenificación teatral de algunos pasajes de lo ocurrido hace 200 años en esa colina, tumba y altar de la patria. Reza la copla central de ese largo canto “Es la mujer boliviana, hija y hermana cabal de la dignidad humana, madre de la libertad”.

Con aquellas tres cuecas grabadas por Lavayén iba una cuarta letra que publiqué en el diario Opinión en 1999, gracias a la gestión de mi amigo Antonio Rivera. Se llamaba La del reencuentro, a la vuelta de un exilio: “Ésta es la cueca fechada el 27 de mayo, señora quien te besara, quien estuviera a tu lado y te diera boliviana otra vida de regalo.// Los aretes te brillaban al sur y al norte del beso, tu sonrisa iluminaba aquel primer universo de la infancia amontonada, donde todo era de estreno. // La quimba de la nostalgia me hace bailar en silencio, zapateada en la distancia esta cueca del reencuentro… ¡Vuelta acunada en las palmas de la madre boliviana!”.

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