Columnistas

La mala hora

Los estadounidenses tienen una oportunidad de oro para profundizar el reino de los derechos humanos

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Iturri

00:06 / 12 de diciembre de 2014

En derechos humanos Estados Unidos vive su peor hora. El Senado norteamericano acaba de emitir un informe lapidario. Aunque no utiliza la palabra “torturas”, en el documento se da a entender, y de manera muy clara, que la CIA empleó métodos reñidos con los derechos humanos para sonsacar información a los sospechosos de tener relación con el extremismo islámico. El trabajo realizado por senadores de los dos partidos estadounidenses agrega que esto no sirvió para nada, pues no se logró información de importancia.

Semejantes afirmaciones en un país que se proclama la democracia más desarrollada del planeta muestra por lo menos dos aristas: EEUU ya no puede hablar con la misma moral de violación de derechos humanos a otros países (es decir, no se pueden hacer a los buenos tachando a otros de malos) y segundo, Obama ha permitido que la verdad salga a la luz y esto será positivo en el país del norte, pues es un primer paso para que estos delitos y arbitrariedades nunca más se vuelvan a repetir.

Convengamos en que la CIA torturó y/o intervino asesorando en torturas desde prácticamente su creación. Asesoró en Inteligencia y en utilización de técnicas de interrogatorio salvajes a casi todas las dictaduras de América Latina y África, también torturó en Vietnam, etc.; pero nunca al nivel alcanzado en la lucha contra los supuestos seguidores de Osama bin Laden y de Sadam Husein.

Ahora el tema está en manos de los norteamericanos. Claramente el mundo ha condenado las prácticas de la CIA, incluso aliados de Estados Unidos como Alemania y Gran Bretaña. Sin embargo, el Departamento de Justicia ha expresado que no hará nada contra los torturadores, no se abrirán nuevas investigaciones ni se juzgará a nadie.

Por eso, la solución la tiene el norteamericano de a pie. El que cree en la democracia, el que desciende de rebeldes que quisieron construir una sociedad basada en aquella histórica acta que comienza con “We the people” (Nosotros, el pueblo)… Y es el pueblo norteamericano el que debe decir con claridad que la impunidad no le hace bien al gobierno de todos, ni al país cuyos padres señalaron que tenían derecho a la felicidad. No hacerlo pondría en peligro a todos, pues hoy son los musulmanes extranjeros, pero mañana pueden ser los propios ciudadanos norteamericanos. Hoy pueden ser los radicales islamistas, pero mañana, todo el que piense diferente.

Si para los chinos crisis es sinónimo de oportunidad, ahora los estadounidenses tienen una oportunidad de oro para profundizar el reino de los derechos de los seres humanos y de evitar que la tortura se repita, acabando con la impunidad.

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