Columnistas

El mar de la paz

El mar puede ser el ‘nexo de paz’ entre Bolivia y Chile, como señaló el filósofo chileno Vergara Vicuña.

La Razón (Edición Impresa) / Eduardo Rodríguez Veltzé

00:00 / 31 de marzo de 2013

En 1513, el conquistador Núñez de Balboa divisó el “Mar del Sur” y poco tiempo después, Magallanes lo rebautizó como mar Pacífico por la tranquilidad de sus aguas. Pero esta calma no fue permanente en las costas de nuestra América. Cinco siglos después, aún subsisten disputas por el acceso a sus aguas o por la dirección y extensión de los límites marítimos en el océano más grande de la Tierra, desde el Golfo de Fonseca, en Centroamérica (entre Nicaragua, Honduras y El Salvador), hasta las costas de Atacama, entre Chile, Perú y Bolivia.

Los límites territoriales fijados por los colonizadores españoles, que sirvieron de referencia precaria a las nacientes repúblicas independientes, no fueron siempre coherentes con la realidad ni la funcionalidad de sus vías de comunicación en territorios extensos y poco poblados; y en muchos casos afectaron el entendimiento de los nuevos límites nacionales. Este escenario favoreció intereses económicos coloniales de las grandes potencias de la época y apetitos de expansión territorial que, junto a las tensiones de poder por controlar recursos naturales, alentaron y sostuvieron invasiones, guerras y conflictos que hasta hoy, siglos después, no se acaban de resolver. Algunas de las disputas limítrofes en la región lograron soluciones definitivas, como aquella que se produjo bajo mediación papal entre Chile y Argentina en 1984, o los acuerdos logrados entre Perú y Ecuador en 1998. Es interesante advertir que su conclusión es reciente y se produjo en los términos de nuevos escenarios políticos, más democráticos y correspondientes a la vocación universal de solución pacífica de controversias, alentada por las naciones después de la Segunda Guerra Mundial.

Bolivia, Chile y Perú intentaron varios acercamientos y suscribieron tratados posteriores al conflicto bélico del Pacífico y la ocupación de sus territorios. Sin embargo, eran tiempos en los que aún prevalecían los derechos que nacen de la victoria bélica, “‘la ley suprema de las naciones’, en los que la nación vencedora (...) impone sus condiciones, no debe nada ni está obligada a nada, menos a la cesión de una zona de terreno y de un puerto” (A. Konig, 1900). También se produjeron interesantes iniciativas orientadas en el interés continental por una paz estable y permanente, como la que presentó, en 1926, el secretario de Estado de EEUU F. Kellogg a través de la cual planteaba que Perú y Chile cedan a Bolivia una zona en las provincias de Tacna y Arica, hasta entonces en disputa entre ambos países. Chile, a través de su embajador J. Matte, accedió a considerar la proposición, y recordó que el Gobierno chileno no rechazó la idea de conceder una franja de territorio ni un puerto a la nación boliviana, pero que éstas no encontraron la acogida de parte del Gobierno del Perú. 

Éste como muchos otros episodios en múltiples intentos de aproximación bilateral o exhortaciones de organismos multilaterales no llegaron a concretar una solución viable al centenario y oneroso enclaustramiento marítimo de Bolivia, pero afectaron el curso normal y sostenido de sus relaciones con Chile. Pese al diferendo marítimo y otros temas pendientes, ambos países han sido capaces de preservar una relación pacífica y constructiva en diversos ámbitos de interés común.

Los mecanismos de solución de conflictos previstos por el derecho internacional son puestos a prueba en la región. El Gobierno boliviano acaba de anunciar que así también lo hará, abriendo un nuevo evento contencioso ante la jurisdicción internacional que debería, también en este caso, abrir a las partes un espacio de justicia para zanjar sus diferencias. Esta iniciativa no debería tampoco excluir la posibilidad que las partes, incluido el Perú, aproximen una solución de consenso, y que podrá superar en legitimidad la decisión de cualquier otro tribunal o mediador.

El mar, como tituló su libro el historiador chileno Vergara Vicuña, puede ser el “nexo de paz” entre Bolivia y Chile. Agregando al Perú, juzgo que surge un nuevo tiempo para recuperar el sentido común en las relaciones de los buenos vecinos que comparten el “pacífico” mar común.

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