Columnistas

Cada cual con su marcha

Ambas movilizaciones han sido muy politizadas ante la opinión pública

La Razón / Rubén D. Atahuichi

00:30 / 31 de enero de 2012

Vuelvo luego de una pausa (obligada por el trabajo). Lo hago en un momento en que otra columna de marchistas se instala en La Paz, la ciudad del eterno conflicto. Esta vez, el llamado Consejo Indígena del Sur (Conisur) ha llegado a reclamar por sus derechos.

Ante la nueva protesta indígena, hay que hacer algunas consideraciones en relación a la otra, la VIII Marcha en Defensa del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), que el 19 de octubre de 2011 arribó a La Paz. Ésta empezó su periplo el 15 de agosto de 2011 en Trinidad, y duró 65 días, y la de ayer comenzó el 17 de diciembre de 2011 en Isinuta (Cochabamba) y terminó luego de 44 días. El tiempo de la caminata es lo de menos. Por la descripción de los medios, los políticos y los analistas, ambas movilizaciones fueron muy politizadas ante la opinión pública.

La primera fue calificada “por el TIPNIS”, “contra el Gobierno” y promovida “por la Embajada (claro, la de Estados Unidos), las organizaciones no gubernamentales y la derecha”, y la segunda, “contra el TIPNIS”, “por el MAS”, “por los cocaleros” y, lo que es peor y temerario, “por el narcotráfico”.

Es más, y esto nos toca a los periodistas. En los 65 días de la primera caminata, algunos medios, entre ellos La Razón, hicieron una cobertura de principio a fin, con equipos completos (cámaras, periodistas e incluso vehículo). No obstante, ningún medio hizo un riguroso seguimiento a la última marcha (La Razón desplazó su equipo en tres ocasiones), lo que implica un grave desequilibrio en la oferta de información.

Había dicho antes que la VIII Marcha implicó para algunos sectores urbanos del país, especialmente en La Paz, un escenario de catarsis contra la administración de Evo Morales; un buen pretexto para cuestionar el régimen, más allá de la convicción de muchos respecto del respeto a la Madre Tierra. Es que de pronto aparecieron “pachamamistas”, especialmente en sectores políticos. Así, las opiniones en los medios y las cadenas de apoyo al TIPNIS en las redes sociales pusieron de moda al fenómeno comunicacional.

En el caso de la movilización de Conisur, nada de eso. Al contrario, lo menos que fue llamada ha sido “marcha masista”, con el desprecio absoluto. No dudo que hayan cocaleros en la protesta, pero como tales también tienen derecho a demandar una carretera. Sin embargo, también hay indígenas del mismo corazón del TIPNIS como “los del TIPNIS”.

Otra diferencia es que la anterior fue planteada estratégicamente y de manera orgánica desde una organización mayor, la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente (CIDOB), con un claro respaldo de al menos varias organizaciones no gubernamentales. La última fue propiciada por Conisur, una naciente organización sin incidencia en los medios, aunque, se dice, apoyada por el Gobierno. Ni el Defensor del Pueblo ni la Asamblea de Derechos Humanos se interesaron mucho por ésta. En tanto, Morales desahució a la primera y respaldó a la segunda.

Precisamente esa llegada a los medios generó otra contradicción. En la otra apareció Fernando Vargas y se reafirmó Adolfo Chávez (el Gobierno lo acusó de comunicaciones telefónicas con la Embajada de Estados Unidos) y en ésta salió a la luz Gumercindo Pradel.

Si bien la ley corta, que declara la intangibilidad del TIPNIS, está en cuestión, la “diferencia” final debería ser un acuerdo por la Ley de Consulta Previa. Así, cada cual no tendría una para sí, sino para el conjunto. De momento, cada cual tiene su marcha.

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