Columnistas

Todos somos ‘marxistas’

Nuestro fútbol es mediocre y lleno de sinsabores. Pero los domingos, en la cancha, todo es delicioso

La Razón / Ricardo Bajo Herreras

00:45 / 04 de septiembre de 2013

Hubo un tiempo que odié la cocina boliviana. La primera vez que me enfermé en La Paz la culpa la tuvo la curva sur del Siles. Hacía mucho frío esa noche y los platos de ranga-ranga humeaban. El caldito me sentó delicioso y calentó mi cuerpo. Luego estuve en cama dos semanas con una salmonella de horripilante recuerdo. Era 1997, y unos años antes, la antropóloga inglesa (más boliviana que el chuño y la coca, juntos) había escrito un ensayo incendiario contra la gastronomía nacional. A ella, le llovieron críticas; a mí, la ranga me dejó marcado por años. Me volvió un conservador, gastronómicamente hablando. Me daban miedo los platos criollos, repletos de picante, especies y hierbitas de todo sabor. Yo sólo veía bacterias.

En Europa, los hinchas van a los estadios a ver a sus equipos. Su máximo atrevimiento culinario es un bocadillo de tortilla de papa; o algún subproducto de la comida basura gringa que todo lo invade. A las canchas bolivianas, los hinchas vamos a comer rico. Ya se sabe que los animales se alimentan y los humanos con talento sabemos comer.

Nuestro fútbol es mediocre, lento y lleno de sinsabores. Pero los domingos, en la cancha, todo es delicioso. La sazón no nos llega desde el césped; las emociones esperan al entretiempo. Los partidos son tan aburridos que dan hambre. Y sólo hay que esperar tres cuartos de hora; si es que el señor de las “patitas” (de chancho rebozadas) no se cruza por delante tuyo en el minuto 20 de la primera parte.

Las derrotas son menos amargas si de por medio se atraviesa un falso conejo en la recta general del Capriles; un “sanguich” de chorizo en la preferencia del Patria; una empanada de ají con heladito de canela en la bandeja baja del Siles; un sándwich de milanesa en el Stadium Obrero de Miraflores; o el inevitable “sándwich de chola” con cuerito crocante en cualquier cancha del país. Eso también nos une.

Unas llauchas sabrosas en las curvas del Bermúdez; un plato paceño en el estadio Los Andes de la ciudad de El Alto; o un choripan con escabeche y un jugo de mocochinchi en el Víctor Agustín Ugarte: alquimias de olores para olvidar las derrotas y celebrar las victorias. Y un “café caliente café”, caliente como el infierno del Chaco, negro como el Diablo, puro como un ángel y dulce como el amor.

Comemos al entrar a la cancha (los anticuchos son irresistibles); antes de que acabe el primer tiempo (los sándwinch de lomito en la preferencia del Siles con harta chorrellana y llajwa desaparecen si esperas al descanso); en los minutos finales de infarto, comemos...; y por supuesto, a la salida del partido cuando las “caseras” rematan —por un boliviano— las últimas sobritas.

El sibaritismo gastronómico acompañado de una buena dosis de inteligencia nos hace a las personas mucho más amables. Tengo una teoría loca, van a disculpar: si la violencia no ha llegado a nuestro fútbol es gracias a los ricos platos que nos sirven el ejército de “caseritas” de todos los estadios. Nuestra única arma —desterrados los fuegos artificiales— son las cucharas.

“El mejor banquete del mundo no merece ser degustado a menos que se tenga alguien para compartirlo”, dijo una vez el gran Groucho Marx. Por eso, en Bolivia todos somos “marxistas”: compartimos nuestra rica comida rodeados de miles de hinchas. Los ingleses inventaron la sobremesa para olvidarse de la comida; los bolivianos descubrimos la gastronomía para olvidarnos del fútbol. Un plato es felicidad, un “ahogadito” para revivir. Cualquier día de éstos, cuando juegue mi querido Tigre, me vuelvo a atrever con una ranguita en la curva sur, porque como decía el irlandés George Bernard Shaw, “no hay amor más sincero que el que sentimos hacia la comida”.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia