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1 de mayo

La Razón (Edición Impresa) / Con la punta de la aguja - Julieta Paredes Carvajal

00:00 / 03 de mayo de 2015

El poder de la burguesía después de la Revolución francesa era un poder bastante frágil, pues tener el poder político no era suficiente; incluso si agregamos a este poder político el poder militar, tampoco —repito— le era suficiente. La burguesía tuvo que consolidar su poder a través de plantear una hegemonía simbólica e imponer en lo subjetivo, en lo personal,  modelos de vida. Es decir, la burguesía necesitó meterse, penetrar nuestras formas de vivir la cotidianidad y nuestras formas incluso de imaginar el futuro de nuestras vidas y las vidas de las personas que amamos.

Ese trabajo llegó a un punto alto  (no por eso queremos decir que sea el fin) con el neoliberalismo, que tuvo un momento muy propicio con la caída del muro de Berlín y la gran crisis de los Estados-nación, especialmente aquellos Estados contestatarios. Se me ocurren dos reflexiones por el momento. El neoliberalismo penetra nuestras vidas y nuestros cuerpos con el planteamiento posmoderno de que las identidades perjudican, encierran y excluyen. Con esta propuesta, el neoliberalismo se ha planteado el intento de acabar con las identidades políticas, es decir, aquellas identidades que nos posicionan frente a los poderes de la burguesía, el capitalismo y el colonialismo, que son instrumentos del patriarcado.

Sumado a este ataque a las identidades políticas, otro instrumento conceptual ha sido el de diluir el concepto de poder. El concepto de poder neoliberal y posmoderno podemos definirlo como que el poder es múltiple, todo es poder y todo son relaciones de poder, en este sentido ellos dicen, que de lo que se trata es de hay que aprender a negociar. Si todo es poder, entonces nada es poder, pues es una manipuladora manera de confundirnos, pues con ese concepto de poder en realidad no habría un poder contra el cual hay que luchar, todo se relativiza y depende del lente con el que se ve. Algo parecido a que los oculistas, oftalmólogos y las ópticas tendrían la solución de cómo hacer la revolución y poner fin a los problemas de la humanidad y la naturaleza.

Lo mejor que ha producido nuestro pueblo boliviano no es tomar el gobierno a través de las elecciones democráticas, sino que lo mejor es que estamos desafiando al modelo eurocéntrico de organizar nuestras vidas y definir nuestra historia, eso es lo más potente, ése es el ajayu del proceso de cambio, plantear la posibilidad de construir otras formas de vivir. Por eso al Vivir Bien tenemos que llenarle de contenido entre todas y todos, ésa es la tarea.

Por cierto, hay medidas que las aplaudimos, pero otras nos convocan a la lucha y la propuesta. No podemos sentarnos en la misma mesa burgueses y proletarios, empresarios y trabajadoras y trabajadores, no podemos legitimar la propiedad privada. El Gobierno no puede ser neutro, no le pedimos que sean los secretarios ejecutivos de la COB, pero que no ponga a la COB en el mismo nivel que la propiedad privada y el capital. Patria y vida ¡venceremos!

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