Columnistas

La memoria

El acto de homenaje a Soria y Merlo fue una prueba de lo que vale la preservación de los documentos

La Razón / Mabel Franco

01:00 / 18 de marzo de 2012

Qué importante es guardar memoria. No la frágil, la que corre el riesgo de borrarse, sino aquella que se atrapa y se conserva en documentos.

El miércoles reciente, quienes asistieron a la entrega del primer Premio Semilla, otorgado a la actriz Norma Merlo, por iniciativa de la Fundación Cinemateca Boliviana, pudieron comprobar dicho valor más allá de lo que pueden decir las palabras que, de tanto que se repiten, de pronto parecen desgastadas.

El premio Semilla nace un 14 de marzo, en homenaje al guionista del cine boliviano Óscar Soria Gamarra, quien falleció un día así de 1988. Gracias a Guillermo Aguirre, entre otras personas acuciosas con esto de la memoria, para la ocasión se ha difundido un video arrancado de ese lugar en el que Bolivia ha perdido tanto de su historia: la indiferencia y el descuido.

Esa filmación se hizo en los años 80 a manera de reportaje para resaltar un homenaje que se hizo a Soria, quien cumplía 30 años de carrera en el cine. Una jovencísima Cristina Corrales, la periodista ya fallecida, entrevista al hombre que fue parte de Ukamau y que hiló las historias que querían contar Jorge Ruiz, Jorge Sanjinés, Antonio Eguino, Paolo Agazzi.

Verlo y escucharlo con su voz pausada y tranquila toca las fibras de la emoción; pero a la vez se gana en información, tan necesaria para tender lazos con la propia historia: sea como cineasta de este siglo XXI, sea como espectador.

El mismo video empalma con la noche del homenaje a Soria en la Casa de la Cultura de La Paz. Desfilan los rostros de gente que hoy peina canas o que ya no está; quien los ve puede medir lo que eran las palabras y cómo se convirtieron en obras. Otra vez Eguino, Sanjinés, Ruiz; pero también Carlos Mesa, Pedro Susz, Amalia de Gallardo. Y Soria, claro, que varias veces, al escuchar a sus compañeros, se quiebra. El hombrón, el de la barba blanca, llora y contagia al resto 30 años después.

“Alguna vez voy a usar este recurso en una película”, dice al fin, “el del hombre que llora en público”.

Qué difícil, la noche del miércoles, superar ese momento intenso. Qué difícil para la homenajeada, Norma Merlo. Pero ella es lo que es y, con el bastón en la mano y el humor como recurso, la Dama del Teatro boliviano se impuso. “Fui el chico de la Cinemateca; pero lo hice con amor”, describió su apoyo decisivo desde las tareas más pequeñas. Sobre su enorme labor como actriz habló el video Los fantasmas de la Juana, de Danielle Caillet (+), que hizo pensar no sólo en la Azurduy de Padilla, muerta en soledad y pobreza, con homenajes tar-díos; también en Domitila Chungara y su trágica vida. ¡Cómo no va a ser importante la memoria!

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