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En memoria

Mañana se cumple un mes del asesinato de los hermanos y periodistas Peñasco Layme en El Alto

La Razón / Paulo Cuiza

00:00 / 25 de marzo de 2012

En mi columna de octubre de 2011, sobre inseguridad ciudadana, lamenté el asesinato de las periodistas Ana María Yarce Viveros y Rocío González Trápaga, que ocurrió en septiembre de ese año en el parque El Mirador en la ciudad de México. Ambas murieron por estrangulamiento. Traigo a colación el tema porque mañana se cumplirá un mes del asesinato de los hermanos y periodistas Verónica y Víctor Hugo Peñasco, acogotados en El Alto.

Los hechos son casi similares; las tres mujeres y el varón murieron por asfixia, recibieron golpes y los cuerpos fueron encontrados semidesnudos, lo que nos muestra que la inseguridad ciudadana no es un fenómeno creciente en Bolivia, sino que se extiende al 90% de los países del mundo.

Acá debo hacer un alto y reconocer la labor de la Policía que logró detener a los supuestos asesinos de los hermanos Peñasco, cuyo caso debe servir para alentar a nuestras autoridades a mejorar los sistemas de seguridad. La participación de militares y de los propios vecinos en la lucha contra el crimen puede servir para bajar los altos índices de delincuencia, pero creo que tienen que ser labores coordinadas para no tener que lamentar muertes de personas civiles.

Los medios de comunicación también juegan un rol importantísimo en esta tarea de lucha contra la delincuencia, se debe abrir el debate sobre cómo poder parar la ola de delincuencia que azota a nuestras ciudades, que incluso ha generado que en sólo una semana, después de la muerte de los hermanos Peñasco, haya al menos cinco linchamientos en la urbe alteña.

La labor debe continuar. Es hora de que sumemos esfuerzos para combatir la delincuencia para que no se produzcan más hechos como el de los hermanos Peñasco. Esperemos que las autoridades consigan elaborar planes de seguridad que permitan a la mayoría de las personas caminar sin sentirse acechadas por delincuentes que no valoran en lo más mínimo la vida.

Quiero recordar en esta columna a un compañero, David Niño de Guzmán, otro talentoso periodista que falleció en circunstancias dudosas. Se fue en abril del anterior año y hasta la fecha no conocemos los móviles reales de su asesinato, ni quién fue el autor de tremendo crimen.

Los hermanos Peñasco y Niño de Guzmán fueron excelentes periodistas y personas que no merecieron la muerte que tuvieron, pero a veces la vida es así, uno no escoge cómo morir. Pero si podemos evitar que más hechos de esta naturaleza sucedan en La Paz, El Alto o Santa Cruz, estaremos contribuyendo a crear una sociedad más segura, libre y satisfecha. 

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