Columnistas

Un mensaje desde Irán

La seguridad de unos cuantos no puede llevarse a cabo a  costa de la inseguridad de los demás

La Razón (Edición Impresa) / Mohammad Javad Zarif

00:03 / 02 de mayo de 2015

Hemos realizado importantes progresos en Suiza a principios de abril. Con los representantes de los cinco países miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (Estados Unidos, Francia, China, Rusia y el Reino Unido) más Alemania, nos hemos puesto de acuerdo sobre los parámetros para eliminar cualquier duda sobre la naturaleza exclusivamente pacífica del programa nuclear iraní y para levantar las sanciones internacionales contra Irán.

Sin embargo, para sellar el acuerdo nuclear preliminar se requiere más voluntad política. El pueblo iraní ha demostrado su determinación al decidir participar con dignidad en las negociaciones. Es hora de que Estados Unidos y sus aliados occidentales elijan entre la cooperación y la confrontación, entre las negociaciones y la grandilocuencia, y entre el acuerdo y la coerción.

Con un liderazgo valiente y la audacia de tomar las decisiones correctas, podemos y debemos poner fin a esta crisis fabricada; y así poder empezar a trabajar en cosas mucho más importantes. Gran parte de la región del Golfo Pérsico está actualmente en crisis. No es una cuestión de gobiernos entrantes o salientes, las cuestiones sociales, culturales y religiosas de países enteros están siendo despedazadas.

Dotado de una población resilente que se ha mantenido firme a la hora de encarar la coerción, y al mismo tiempo manifiesta magnanimidad para abrir nuevos horizontes de compromiso constructivo basado en el respeto mutuo, Irán ha capeado las tormentas de la inestabilidad causada por este caos. Sin embargo no podemos ser indiferentes a la destrucción insondable que nos rodea, porque el caos no reconoce fronteras.

Irán ha sido claro: el ámbito de nuestro compromiso constructivo se extiende mucho más allá de las negociaciones nucleares. Las buenas relaciones con nuestros vecinos es la principal prioridad de Irán. Nuestro razonamiento es que la cuestión nuclear ha sido un síntoma, no una causa, de desconfianza y conflicto. Teniendo en cuenta los últimos avances en la prevención de síntomas, es hora de que Irán y las otras partes interesadas empecemos a direccionar las causas de la tensión en el Golfo Pérsico.

La política exterior iraní es de naturaleza holística. Esto no se debe al hábito o a las preferencias, sino porque la globalización ha deshecho todas las alternativas obsoletas. Nada en políticas internacionales funciona en el vacío. La seguridad de unos cuantos no puede llevarse a cabo a costa de la inseguridad de los demás. Ninguna nación puede lograr sus intereses sin tener en cuenta los intereses de los otros.

En ninguna otra parte estas dinámicas son más evidentes que en gran parte de la región del Golfo Pérsico. Necesitamos una evaluación sobria de las complejas y entrelazadas realidades presentes en Medio Oriente, y políticas coherentes para tratar con estas realidades. La lucha contra el terrorismo es un claro ejemplo de ello. Uno no puede hacer frente a Al Qaeda y sus ideologías, como el autodenominado Estado Islámico (que no es islámico ni tampoco un Estado), en Irak, mientras al mismo tiempo se permite su crecimiento en Yemen y Siria.

Existen múltiples ámbitos donde los intereses de Irán y otros actores principales se cruzan. El establecimiento de un foro colectivo para el diálogo en la región del Golfo Pérsico, con el fin de facilitar la participación, data de hace mucho tiempo. Si se desea comenzar una discusión seria sobre las calamidades que enfrenta la región, Yemen sería un buen lugar para comenzar. Irán ha ofrecido un enfoque razonable y práctico para hacer frente a esta crisis dolorosa e innecesaria. Nuestro plan pide un inmediato cese al fuego, la asistencia humanitaria y la facilitación del diálogo interior yemení, que promueva la formación de un gobierno inclusivo, basado en una amplia unidad nacional.

En un nivel más amplio, el diálogo regional debe basarse en los principios generalmente reconocidos y objetivos comunes, en particular el respeto a la soberanía, integridad territorial e independencia política de todos los Estados; inviolabilidad de las fronteras internacionales; la no interferencia en los asuntos internos; solución pacífica de controversias; inadmisibilidad de la amenaza o al uso de la fuerza; y la promoción de la paz, la estabilidad, el progreso y la prosperidad en la región.

Un diálogo regional podría ayudar a promover la comprensión y la interacción en los niveles de gobierno, el sector privado y la sociedad civil; y dar lugar a un acuerdo sobre un amplio espectro de cuestiones, incluidas medidas como la confianza y la seguridad; lucha contra el terrorismo, extremismo y sectarismo; garantizar la libertad de navegación y el libre flujo de petróleo y otros recursos; y la protección del medio ambiente. Un diálogo regional podría eventualmente incluir acuerdos de no agresión y de cooperación en materia de seguridad, de una manera más formal.

Mientras esta cooperación debe mantenerse dentro de los actores regionales relevantes, los marcos institucionales existentes para el diálogo, y en especial las Naciones Unidas, deben ser utilizados. La Secretaría General podría proporcionar el marco internacional necesario. Un papel regional para las Naciones Unidas ya fue previsto en la resolución del Consejo de Seguridad que ayudó a poner fin a la guerra entre Irán e Irak en 1988. Esto ayudaría a aliviar las preocupaciones y ansiedades, particularmente de los países más pequeños; proporcionando a la comunidad internacional las garantías y los mecanismos de protección de sus legítimos intereses; y vinculando cualquier diálogo regional con temas que van más allá de los límites de la región.

El mundo no puede permitirse el lujo de seguir evitando abordar las raíces de la crisis en toda la región del Golfo Pérsico. Esta oportunidad única para el compromiso no debe ser desperdiciada.

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