Columnistas

El mensaje del papa Francisco (y de Jesús)

Cada uno de noso- tros tiene la obligación moral de ser bondadoso y generoso con los pobres

La Razón (Edición Impresa) / Fareed Zakaria

00:00 / 04 de octubre de 2015

No soy cristiano, sin embargo, mientras crecía en India estuve inmerso en la religión. Asistí a colegios católicos y anglicanos desde los cinco hasta los 18 años. Allí cantábamos himnos, recitábamos oraciones y estudiábamos las Escrituras. Las palabras y acciones del papa Francisco me han hecho recordar que, “desde afuera”, siempre he sentido una profunda admiración por el cristianismo y su mensaje central, que es simple y poderoso: ser buenos con los pobres.

Cuando llegué a Estados Unidos, en la década de los 80, recuerdo mi sorpresa al observar qué significaban los valores cristianos en la cultura y política estadounidense: debates acalorados acerca del aborto, la abstinencia, la anticoncepción y los gais. Sin embargo, no recuerdo casi haber visto ni escuchado sobre estos temas en los 13 años en los cuales estudié y recité la Biblia durante mi infancia. Esto se debe a que en las Escrituras son escasas las referencias a estos asuntos. Tal como señala Garry Wills en su libro perceptivo El futuro de la Iglesia Católica con el papa Francisco: varias de las posiciones más destacadas y disputadas tomadas por las autoridades católicas, casi todas relacionadas con el sexo, no tienen nada que ver con el Evangelio”.

La Iglesia llegó a las posiciones acerca de estos temas a través de las interpretaciones de la “ley natural”, que no se basa en nada de la Biblia. Sin embargo, como estos temas parecían débiles, los religiosos conservadores buscaron reforzar sus opiniones con “sanciones” bíblicas. Por ende, la anticoncepción fue condenada por el Papa Pío XI a través de una interpretación realmente tortuosa de un par de líneas del Génesis que dicen que Onan “derramó su semilla en el suelo”, lo que involucra la eyaculación sin la intención de concebir.

La prohibición de las mujeres en el clero católico es semejante. Cuando los anglicanos decidieron ordenar mujeres sacerdotes en 1976, el papa Pablo VI presentó una razón teológica de por qué no seguía ese camino. Decretó que las mujeres no podían ser sacerdotes porque Jesús nunca ordenó a una mujer como tal. “Es cierto” escribe Wills. “Pero tampoco ordenó a ningún hombre. No hay sacerdotes (a no ser los judíos) en los cuatro evangelios. Pedro y Pablo y sus compañeros no se llaman a sí mismos sacerdotes y tampoco son llamados así por otros”.

Wills incluso acepta el aborto, oposición que algunos católicos han tomado como fundamental en su fe. “Esto es extraño”, escribe Wills, “dado que esta cuestión no se menciona en ningún lado en el Antiguo Testamento o en el Nuevo Testamento ni en los credos más antiguos. Pero algunas personas están convencidas de que Dios debe odiar un mal tan inmenso y que debe haber expresado ese odio en algún lugar de la Biblia”. De hecho, Wills señala que la prohibición está basada en una compleja extrapolación de un lenguaje vago de un solo verso: Salmo 139:13.

Para comprender el mensaje central de Jesucristo, la siguiente premisa cristiana puede ser de mucha utilidad: “Bienaventurados los pobres de corazón, porque vuestro es el reino de Dios”. Jesús tiene un consejo específico acerca de cómo tratar a los pobres. Trátenlos como los trataría Cristo, vendan sus posesiones y dénselas a los más carenciados. “Cuando hagas una comida no invites a los ricos y poderosos, porque lo haces con la esperanza de que te retribuyan el favor y te recompensen. En vez de esto, invita a los desposeídos, y serás recompensado por Dios. Dado que se espera tanto de los ricos, es famosa su explicación de que “es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino de los Cielos”.

Vivimos en la era de la meritocracia y creemos que, de alguna manera, las personas que son exitosas son más admirables que el resto de nosotros. Sin embargo, la Biblia señala que “ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan (..) sino que el tiempo y ocasión acontece a todos”; y agrega que en el Reino de los Cielos “los últimos serán los primeros y los primeros los últimos”. En otras palabras, nos dice que debemos estar agradecidos por nuestros éxitos, pero no debemos creer que éstos nos hace superiores en un sentido profundo.

Los comentaristas han tomado los discursos y dichos del papa Francisco y lo han atacado de diversas maneras, llamándolo marxista, unionista o un ambientalista radical. No creo que el Papa esté proponiendo un sistema alternativo de política o economía, simplemente está recordándonos a cada uno de nosotros que tenemos la obligación moral de ser bondadosos y generosos con los pobres y los menos favorecidos, especialmente si hemos sido afortunados. Si uno no comulga con este mensaje no tiene un problema con el papa Francisco, sino, en realidad, con Jesucristo.

Es periodista indio-estadounidense. © The Washington Post Writers Group , 2013.

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