Columnistas

La mentira está de moda

‘Se toman como ciertas las aseveraciones que se sienten verdad, sin importar los hechos’

La Razón (Edición Impresa) / Freddy Morales *

00:21 / 07 de enero de 2017

Es alucinante la frialdad con que se miente, sobre todo, mediante las redes sociales. El principal escenario de este fenómeno es el mundo político, donde la mentira siempre ha tenido un lugar de privilegio.

La manipulación se ha extendido a amplios sectores de la sociedad, a algunos periodistas y a algunos medios de comunicación que se aferran y se suman a esta especie de culto a la mentira, que en Bolivia puede tener como una de sus recientes fechas de nacimiento el periodo previo al referendo de febrero del año pasado, donde cunden los ejemplos.

Pero éste es un fenómeno mundial. Anne Applebaum, columnista  del diario estadounidense The Washington Post, afirmó el año pasado, acerca de la campaña del candidato republicano, que Donald Trump había mentido repetidamente, y se evidenció que las personas “solo consideran aquellos hechos que confirman sus opiniones preexistentes y desecha aquellos que no”.

Asimismo agregó que las personas se informan con medios de comunicación que refuerzan esas ideas y esos medios apelan a la opinión de “la gente” para sostener lo que dicen.

De ese modo se cierra el círculo donde los medios dicen “lo que piensa la gente”, para imponer la versión que ellos mismos construyen.

Medios estadounidenses hablan de un mundo post-fáctico para referir la actitud de personas encerradas en sus prejuicios y en legitimar el punto de vista que producen las redes sociales que ellas mismas armaron.

Al respecto el analista argentino Horacio Verbitsky, en Página 12, escribió: “El Washington Post publicó una columna sobre lo que llamó un mundo ‘post-fáctico’, en el que el público ni siquiera se preocupa por saber si los hechos que se le presentan son verdaderos.

Se detectó una tendencia general a creer en los supuestos que confirman las opiniones preexistentes y desechar aquellos que las contradicen.

Este fenómeno se potencia en las redes sociales, donde quienes sostienen las opiniones más fuertes son los menos inclinados a modificar sus puntos de vista y tienden a rechazar como tendenciosa cualquier corrección basada en datos”.

Veamos algunos ejemplos. En el referendo sobre la posible salida británica de la Unión Europea (Brexit), se afirmó que Gran Bretaña paga 350 millones de libras esterlinas por semana a la Comisión Europea, lo que fue demostrado como falso, pero la versión continúa circulando como si fuese cierta.

Trump en su campaña electoral dijo cosas que sonaban verdaderas: la inmigración ilegal procedente de México aumenta, el desempleo es tan alto como el 42%, Estados Unidos está primero en gasto en educación pero último en desempleo educativo... pero que en realidad eran falsas.

En Colombia, los críticos al proceso de paz activaron los prejuicios contra la guerrilla de las FARC con base en mentiras, medias verdades y predicciones falsas o exageradas para imponerse en el referendo para aprobar el acuerdo de paz.

El portal Silla Vacía implementó un “detector de mentiras” que, aplicado a la campaña contra los acuerdos de paz del expresidente Álvaro Uribe, dio como resultado que de 41 afirmaciones solo cuatro eran verdaderas.

The Economist definió que “lo novedoso es que en esta nueva etapa, la verdad no es solo puesta en duda o falsificada, sino que además pasó a tener una importancia secundaria. Se toman como ciertas las aseveraciones que se sienten verdad, sin importar los hechos”.

* es periodista.

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