Columnistas

Las mentiras históricas

Ha llegado la hora de hablar de nuestra historia con sinceridad y a mirarla bajo un prisma científico

La Razón (Edición Impresa) / Homero Carvalho Oliva

03:38 / 22 de mayo de 2014

La expresión “mentiras vitales”, fue inventada por el dramaturgo noruego Henrik Ibsen, para explicar las ficciones a las que recurren las familias para ocultar verdades o hechos que pueden dañar la coherencia afectiva, y por tanto, la unidad filial. El término luego fue usado por algunos historiadores e intelectuales para referirse a aquellas que se acuñan en los libros de historia o circulan como leyendas y que sirven para crear el imaginario patriótico y reforzar la identidad nacional.

Dicen que cada generación crea las suyas, renovando el imaginario nacional para seguir viviendo como países. Desde antes del nacimiento de la República en este territorio se crearon este tipo de mitos y leyendas, y desde 1825 algunos de ellos estuvieron marcados por el sello de la historia oficial, aquella que no se debía discutir porque así nos enseñaron en la escuela. Esa es la materia con la que Rosario Barahona, historiadora y novelista boliviana, y Nicholas A. Robins, norteamericano, doctor en Estudios Latinoamericanos, investigaron y compilaron el libro Mitos expuestos, leyendas falsas de Bolivia. 

A través de investigaciones propias y de otros autores como Gaëlle Bruneau, Domingo Izquierdo, Ligia Peñaranda, Eugenia Bridikhina, Fernando Suárez, Paola Revilla y Juan Pablo Soto, “este libro analiza varios mitos bolivianos, expresado como un malentendido común y amplio sobre una realidad, para exponer la verdad sobre eventos o procesos históricos, a base de investigación documental. A través de este proceso, los lectores podrán mejor el mito en su dos facetas: en cuanto al papel que juegan los mitos en la sociedad boliviana y en su verdad histórica”, afirman los autores en la introducción.

Las mentiras históricas o vitales son, pues, el motivo central de este libro en el que se pretende demostrar, entre otros temas, que no fue cierto que mueran esclavos negros en la minas de Potosí; que la ciudad de La Plata (hoy Sucre) haya sido sede de la Inquisición; que no hubo la gran batalla de La Coronilla en Cochabamba y, por lo tanto no hubo heroínas, sino que más bien la supuesta historia que dio origen a la celebración de Día de la Madre es producto de la imaginación del autor de la novela Juan de la Rosa, (un tema intocable para el imaginario nacional); que sobre la primera novela escrita por un boliviano existen muchas versiones, los cruceños —por ejemplo— afirman que la primera fue La isla de Manuel María Caballero... en fin.

Si bien el libro abre la polémica y seguramente habrá quien se rasgue las vestiduras respecto a algunos temas, los autores señalan que ni ellos ni los otros incluidos pretenden tener la última palabra, sino que creen que ha llegado la hora de hablar con sinceridad respecto a nuestra historia y a mirarla bajo una dimensión científica. Ya irán desvelándose otros temas, como también se les otorgará su lugar a héroes olvidados como el Tambor Vargas, verdadero guerrero de la independencia a quien no se ha homenajeado ni siquiera con una calle, plaza o un busto perdido en una escuelita rural.

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