Columnistas

El mercado de ilusiones

Los seres humanos necesitamos de la ilusión, no concebimos la vida sin algo más allá de la muerte.

La Razón (Edición Impresa) / Édgar Arandia Quiroga

09:39 / 28 de octubre de 2018

Esta vez sí haremos la revolución!, dijo Félix, apoyando su mano en mi hombro, su rostro de boliviano nacido de padres exiliados en la Argentina, rebosaba de alegría. Félix tiene doble nacionalidad, pero nunca se sintió argentino, las constantes muestras de racismo velado contra el “cabecita negra” le hicieron resistir su adhesión a la cultura argentina y siempre pensó que algún día volvería a la ciudad  natal de su padre.

Estaba ilusionado con la resurrección del Frente Revolucionario de Izquierda (FRI), pensó ingenuamente que Carlos Mesa era marxista leninista y que profundizaría los cambios del gobierno de Evo Morales, pero además con una alta dosis ética.

La ilusión es un concepto, una imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por el engaño de los sentidos. Como verbo, uno de sus significados es la capacidad de despertar esperanzas especialmente atractivas, especialmente durante los procesos preelectorales generando un mercado de ilusiones.

Félix no conoce la historia de la patria de su padre, quien vivió incubando el anhelo de la revolución socialista y se la transmitió al hijo que vino ilusionado a tropezarse con la realidad. Otros jóvenes piensan que ser liberal es el único camino porque según ellos, la gordura del Estado corrompe a la gente y repiten el viejo eslogan de que el Estado es un mal administrador; olvidan que las empresas transnacionales como Odebretch, Enron y muchas más, enquistadas en gobiernos de distintos matices ideológicos sepultaron el ordenamiento democrático y facilitaron dictaduras para proteger sus intereses. Fatalmente el capitalismo condiciona la vida de las naciones y cualquier esfuerzo para  alterar su crueldad, deberá tener una coraza ética indestructible.

El gobierno de Evo Morales desplegó una maquinaria humana para proceder a los cambios que son evidentes en algunos casos y el rotundo fracaso en otros; pero siempre arrastró dos carencias fatídicas: cuadros políticos capacitados y una conducta ética intachable. Ambos aspectos fueron minimizados y la manera de evadirlos fue comprando la fidelidad y tolerando la corrupción de sus acólitos.

La oposición no necesitó de la injerencia de la Embajada de Estados Unidos para proveerse de insumos contrarrevolucionarios, éstos estaban y están en las filas del Gobierno, muy cerca del primer ciudadano del país que vive en su mundo de ilusiones.

¿Cómo hubiera sido el escenario preelectoral si hubiera escuchado las sugerencias para que donara a los museos municipales y estatales sus objetos valiosos y no consumara ese monumento a la soledad que es el Museo de Orinoca? ¿O  construir cuatro Casas Grandes para la Salud del Pueblo con el dinero que se derrochó innecesariamente con la Casa Grande y evitar derramar lágrimas que no conmueven a nadie?

Los seres humanos necesitamos de la ilusión, no concebimos la vida sin algo más allá de la muerte, a ese requerimiento responden las religiones como fenómeno social, por eso en Brasil es notorio el papel de ilusionistas de los consorcios religiosos fundamentalistas que permitieron llevar a la cima a un reaccionario fascista con un discurso mesiánico anticorrupción.

Ya no sorprende que la desinstitucionalización del Estado deteriore el respeto entre las personas, los escupidores e insultadores están en todo el territorio. La llama, el camélido originario de los Andes, escupe para defenderse; está práctica tiene cultores ahora en el oriente y no es atributo de indígenas, sino también de blancoides. No extraña a nadie tampoco que a un conocido periodista le llamen vendido al oficialismo, le insulten en público, filmen y que un colega suyo, notoriamente vendido a la oposición, aplauda y justifique el hecho. ¿Se topará  con su llama?

Doria Medina es el único candidato de la oposición que dice lo que hará si gana las elecciones: en cinco años la población boliviana sustituirá el castellano por el inglés, privatizará las empresas estatales, incluyendo las rentables; convertirá la Casa Grande en hospital y creará 380.000 empleos. (Otros dicen que más bien hay que aumentar varios pisos para que se convierta en la Cárcel Grande del Pueblo) El resto de los candidatos rehúyen hablar de sus programas porque no lo tienen, para ello deben ilusionarnos con planes creíbles y darse un baño de honestidad.

El escenario que vivimos es compatible con la conmemoración del Día de Muertos, muchos políticos siniestros han resucitado para reproducir la vieja historia.

Es artista y antropólogo.

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