Columnistas

El mercado no son los ricos, son los pobres

Lo que el Estado les quita a los pobres por vía de coacción fiscal supera a lo que les devuelve.

La Razón (Edición Impresa) / Alejandro A. Tagliavini

00:09 / 30 de noviembre de 2017

Los políticos, demagógicamente, dicen que promulgarán leyes que favorecerán a los pobres. Pero manejan al Estado (el monopolio de la violencia), y sus ayudas consisten en imponerse sobre el mercado natural. Más allá de que la violencia siempre destruye (ergo, estas leyes son destructivas), los que les creen terminan pensando que el mercado es malo, cuando está conformado por todas las personas que integran una sociedad. De modo que las leyes se imponen violentamente sobre las personas, quedando más perjudicados los más débiles, los más pobres.

Los demagogos dicen que el mercado “egoísta” favorece a los ricos, cuando ocurre lo contrario: muchos ricos “compran” la política para imponer leyes a su favor. Por caso, normas que impiden la importación de productos para no tener competencia. Veamos.

Al proyecto fiscal de Donald Trump se le oponen 400 millonarios que firmaron una carta pidiendo que no se recorten sus impuestos. La carta, promovida por la ONG Riqueza Responsable, próxima a los demócratas, fue suscrita por George Soros y Steven Rockefeller, entre otros.

Trump presentó recientemente una reforma tributaria al Senado a la que calificó como “el mayor recorte fiscal de la historia”; pero la rebaja impositiva, al no bajar el gasto, incrementaría la deuda en $us 1,5 billones en 10 años, aparte de los $us 20 billones que ya adeuda Estados Unidos. Según el oficialismo, bajando la presión fiscal sobre las empresas éstas crecerían y así aumentaría la recaudación fiscal, sin que sea necesario un mayor endeudamiento. La misma necedad que piensa el Presidente argentino.

A ver, lo cierto es que a mayor capacidad económica, una entidad (o una persona) traslada los impuestos hacia abajo en mayor medida. Por caso, una empresa paga sus tributos subiendo precios, bajando salarios, etc. Así, los más pobres resultan más perjudicados por la presión general. De modo que el pedido “no nos bajen impuestos” es hipócrita.  

Los Paradise Papers mencionan a más de 120.000 personas y empresas; desde la reina Isabel II, hasta multinacionales como Facebook, Apple, Disney, Microsoft, Uber y Nike que, según The Express Tribune, “han evitado pagar millones en impuestos utilizando empresas offshore”. Pero hete aquí que también aparece George Soros, uno de los firmantes de la carta. Son casos como el de la cantante Shakira, quien vive en Barcelona pero tiene domicilio en Bahamas y tributa en Malta. O sea, gente que trabaja y solo quiere evitar los “infiernos”, el abuso coactivo de los Estados recaudadores (“los publicanos” tan condenados en los Evangelios), mostrando que el problema no son los paraísos, son los infiernos.Ya en 2011 Bill Gates y Warren Buffet dijeron que “mientras las clases bajas luchan por ganarse la vida, nosotros continuamos teniendo exenciones fiscales”. Justamente Gates, quien ha hecho su fortuna sobre un verdadero monopolio garantizado por el Estado, tal el copyright de su sistema operativo.

Muchos millonarios adoran al Estado porque viven con base en sus privilegios, cuando no a corrupción; tan sistémica que hasta Hillary Clinton está siendo investigada por tomar decisiones influidas por donaciones siendo secretaria de Estado. A su vez, Clinton y el Partido Demócrata financiaron la investigación sobre Trump y Rusia que ya lleva varios presos y unos $us 850.000 cobrados por su yerno.

Dicen que los impuestos van a asistencialismo para los pobres, pero un simple cálculo muestra que lo que el Estado les quita por vía de coacción fiscal supera a lo que les devuelve.

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