Columnistas

El método Grönholm

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Bajo Herreras

00:00 / 29 de agosto de 2018

Introducción: el método de Grönholm es una forma —impiadosa— de selección de personal de las grandes empresas. Son los efectos colaterales del capitalismo. Es la ley del más fuerte. Se trata de contratar a hijos de puta que pueden parecer buenas personas (y no al revés). El método de Grönholm es una obra de teatro estrenada en catalán (el dramaturgo se llama Jordi Galcerán) y luego adaptada a otros idiomas con éxito apabullante gracias a su humor hilarante (y negro y crítico y ácido). El método es la película (dramón) que hizo el director argentino Marcelo Piñeyro (Tango feroz, Plata quemada, Caballos salvajes) a partir de la citada comedia. Hasta aquí la información y el contexto.

Nudo: El método Grönholm, la puesta dirigida por Álvaro Manzano, arranca como la obra original (comedia de enredo) y termina como la película (drama con suspenso). Empieza con Javicho Soria (quizás el representante más célebre de nuestra incipiente escena de “stand up”) levantando risas de su hinchada (no habitual del teatro), y acaba con un forzado y desprolijo duelo actoral entre Winner Zeballos y Natalia Peña, con un preámbulo sobre políticos corruptos, cambios de sexo, madres muertas y cosas peores.

La puesta en escena, también responsabilidad de Manzano, coloca a los espectadores alrededor del elenco (Mauricio Toledo completa el cuarteto) con la intención de hacer al público partícipe de la trama, pues el “respetable” (nosotros y nosotras) presumiblemente debe ser parte del jurado encargado de seleccionar a quien gana el puesto laboral. Digo presumiblemente, ya que nada de esto ocurre. La audiencia (que come pizza y bebe vino del Teatro Nuna mientras suena el inevitable celular de la señora) jamás se convierte en espía de la empresa que examina. El buen recurso escenográfico se precipita al vacío junto con la obra, a medida que la buena idea original se apaga a la par de las risas y el entusiasmo.

Los tres actores y la actriz no dan la más mínima muestra de saber y estar. Sufren de pánico escénico; apenas son marionetas sin carne ni hueso. No juegan (con la platea circular) ni gozan, ni son dirigidos (alimentar egos no es dirigir). En especial, Soria, quien una vez terminadas sus líneas graciosas queda más perdido que Bambi en una fiesta de leones. Perdón por el mal chiste. Juro que hay un par de “cuentos” buenos en la puesta.

Desenlace: “La cosa tiene su intríngulis”, es la primera frase de la obra. ¿Cuál de aquellos cuatro es el que se hace pasar por postulante a la pega cuando en realidad forma parte de la transnacional china? ¿Quién miente? ¿Quién es el impostor? “El método” de Jordi Galcerán es una parodia cruel e hilarante que engancha con ritmo, carcajada tras carcajada, hasta la mandíbula final, que atrapa de inicio a fin, sin tiempo para tomar aliento. “El método” de Álvaro Manzano se pierde, destroza un buen texto con una adaptación “buenista” y políticamente correcta. El “intríngulis” le queda grande, no consigue gambetearlo. No supera la prueba.

Y final: hacer humor debe ser la cosa más difícil sobre las tablas. Entretener y hacer reír es un asunto muy serio en el teatro. Meter de contrabando un “mensaje” contra las apariencias (importa lo que aparentamos ser, no lo qué somos ni cómo somos) ya es tarea de titanes y genios.

La falta de buenos textos originales y nacionales nos lleva a adaptar a nuestro contexto obras dramaturgias foráneas de éxito contrastado. Pero para esto se necesita también habilidad, y un director, y una escenografía que sume, y un elenco que haga teatro. Nada de esto aparece, ni por asomo, en la propuesta de Manzano. Ni siquiera el final sorpresa logra recuperar una obra que se cae y se cae solita, huérfana de madre y víctima de mentiras (no las ficciones, sino las falsedades en escena que a los propios actores les cuesta creer). El resultado no es una mala obra, es una mala adaptación. No se trata de contar con un director de teatro buena persona que parezca hijo de puta, sino de tener un director hijo de puta que parezca buena persona. Ese es el método.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2
3 4 5 6 7 8 9
17 18 19 20 21 22 23
24 25 26 27 28 29 30

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia