Columnistas

El miedo y los medios

Pareciera que una preocupante cultura del miedo campea entre los bolivianos y bolivianas.

La Razón / Gustavo Rodríguez Ostria

00:00 / 06 de enero de 2013

Una reciente encuesta encargada por el Observatorio Ciudadano Cochabamba Nos Une da cuenta de que una proporción destacada de habitantes de la ciudad de Cochabamba tiene miedo a salir de noche, a ser asaltada en las calles o en su domicilio. Las respuestas están marcadas por sexo y edad. Las mujeres sienten mayor temor, por ejemplo, a salir de noche. En cambio, los jóvenes ha hecho de lo nocturno su propio espacio lúdico. Situación que no es con seguridad distinta a la que se observa en otras ciudades de Bolivia. Pareciera que una preocupante cultura del miedo campea entre nosotros y nosotras.

¿Quién nos dice a qué debemos temer y en qué lugar? El temor es una representación simbólica individual y colectiva, pues se concretiza individualmente, a la par que se construye socialmente, y se lo comparte culturalmente. Lo primero, porque es el resultado de las inte- racción entre distintos actores y del intercambio de información entre ellos, que crea un resultado que guía su proceder. Lo segundo, porque el miedo se construye sobre las representaciones que emergen de los actores, sin un necesario cotejo con el mundo real.

El imaginario del miedo no se compone ni se nutre de datos o estadísticas, como advierte Armando Silva, aunque éstos sí cuenten. Lo que prima fundamentalmente son mitologías que se oyen y se ven. Desde ese punto de vista, no son relevantes las estadísticas de actos delictivos por habitante; lo sustantivo es cómo el imaginario colectivo y de los distintos grupos sociales lo registra de este modo y, en consecuencia, cómo se comporta frente a esta situación.

En otros términos, no importa si la imagen del peligro en una ciudad tiene una base contrastable y empírica. La realidad y la percepción pueden disociarse.

Allí radica el papel de la comunicación masiva en la construcción de subjetividades del miedo. En forma paralela, pero continua, diversos órganos de prensa y televisión se ocuparon y ocupan, desde hace una década o más, en destacar como noticia de relieve la cuestión de la inseguridad ciudadana y el alarmante incremento de la delincuencia; sobre todo en medios televisivos que difunden hasta los mínimos detalles escalofriantes hechos policiales, convertidos en un factor de promoción para ganar audiencias masivas.

Esta escalada de violencia urbana y la promoción de imágenes chocantes en vivo terminan estimulando imaginarios obsesivos de miedo urbano, sensación que comenzó a guiar el comportamiento y la valoración de la vida urbana de amplias capas de clase media y alta; fracciones de las cuales demandan urbanizaciones cerradas, en tanto los más tienden a cerrar sus propiedades con altos muros y alambres de púa, además del concurso complementario de guardias privados. Mientras que en las zonas periféricas, la organización vecinal diurna y nocturna toma la justicia en mano propia, y termina protagonizando ejecuciones de delincuentes, pero también de personas inocentes.

Bajo este tipo de impactos, la cuestión de la seguridad se convierte en un tema candente, pero también el rol de los medios en la construcción y amplificación de situaciones de inseguridad, que sí existen pero que son usadas en busca de maximizar su audiencia y llamar la atención. Es preciso, como señala Taussig, despojar de su sensacionalismo al miedo.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia