Columnistas

La migración es mujer

Contra toda lógica, son las mujeres las que se avientan a romper rutinas y cambiar destinos

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Mansilla Torres

02:45 / 26 de agosto de 2015

Dicen las estadísticas que las mujeres son mayoría en las migraciones de todos los tiempos. Quien asume la necesidad de irse al no hallar en su país condiciones de realización plena para sí y los suyos es consciente de los riegos que ha de tomar en ámbitos ajenos y lejanos. Así, la migración no es fuga, sino búsqueda; no es escapatoria, sino opción de encuentro.

Contra toda lógica, son las mujeres las que se avientan a romper rutinas y cambiar destinos. Optan por abordar territorios que los hombres, criaturas sedentarias, creen utopía. La migrante camina con la esperanza y el riesgo a flor de piel. No se vence ante adversidades de ilegalidad ni angustias de ser indocumentada. Finca sus prioridades existenciales en dos palabras afines y rimadas: promesa y remesa. Hay países que ostentan las remesas como la columna vertebral de sus economías. Por cumplir lo que se juró acepta afrontar trabajos que nunca habría hecho. Se sobrepone a vergüenzas y sufrimientos en apego a su dignidad y en ofrenda a los que ama en la distancia: hijos, hermanos, padres, abuelos.

Toda migrante va por el mundo con un pasaporte sin decomiso ni caducidad: canciones, danzas, comidas, sentimientos, costumbres, banderas… Y llegada la ocasión, donde esté y como se halle, exhibe esos roles con orgullo. Tales documentos tienen, además, sello de retorno a la patria de origen en cuanto se den condiciones aptas para el cuándo y el cómo.

Hay en Bolivia una palabra quechua decidora, pachacuti, que significa pacha, siempre, y cutiy, vuelta. El eterno retorno. Vueltas de va y viene que da la vida agarrada del día y la noche alrededor del sol. Ninguna mujer toma la migración como protagonista de una aventura, sino como titular de residencia en la tierra. Cuando los hombres hacen la guerra, ellas ya están viviendo el día siguiente de la batalla para sostener la sobrevivencia de sus hijos. No en vano fueron las inventoras de la agricultura, del primer grano de semilla en el huerto de las gestaciones.

Muchas de estas consideraciones las deduje de las expresiones de una bella mujer boliviana, oradora en un reciente encuentro de migrantes en Europa. Ella dijo ante un ciento de delegadas de otros países que la migración tiene vocación femenina y debe sostenerse sin tristeza, resignación ni desesperanza. Está en su naturaleza avizorar otros horizontes. No creo en los cuentos de la Biblia, pero la mujer debe ser esa Eva que incitó a Adán, el destanteado, a salirse de la rutina cómoda, regalada, aburrida y sin libertad en el paraíso. Dizque por culpa de Eva ambos fueron expulsados de ese edén de obediencia y sumisión a un dios ególatra. Qué bien. Ello posibilitó que Adán y Eva fundaran el amor en pareja sobre la solidez del libre albedrío y el trabajo. Creatividad y recreación sobre el fundamentalismo de la llamada Creación.

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