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¿Es que don Evo Morales Ayma ha descubierto que la paz es más valiosa que la guerra?

La Razón / José Gramunt de Moragas

00:31 / 25 de enero de 2012

Sin duda que el Sr. Presidente mantiene una reconocida capacidad de sorprendernos. En la víspera del tercer aniversario de la Constitución de la Calancha, Don Evo Morales nos sorprendió con unas palabras dignas de un patriarca y no de un jefe sindical, como nos tenía acostumbrados. Me explico. Todos creíamos que el sábado pasado se iba a repetir en las históricas ruinas de Tiahuanacu la ceremonia seudo-religioso-política de la consagración de don Evo Morales como guía espiritual de todos los pueblos originarios. Pues no señor: la fiesta consistió en la inauguración de una cancha deportiva alfombrada con césped sintético. Con todo, los amautas aimaras sacrificaron una llama cuya sangre regó la tierra y soplaron olorosas humaredas al viento. Por cierto, las ruinas tiahuanacotas se encuentran en estado lamentable, abandonadas y cubiertas de moho. Vergüenza para quienes dicen ser los salvadores de los valores ancestrales.

Pues también en aquel escenario tan diverso, el Sr. Presidente sorprendió con un discurso totalmente opuesto a las soflamas proindigenistas recalcitrantes que suele endilgar cada vez que se deja llevar por su oratoria populista. Por primera vez se le oyó hablar de la necesidad de “evitar los actos de discriminación”, y de que “es posible trabajar conjuntamente entre indígenas y ‘blancos’”. ¡Sorprendente! ¿Es que don Evo Morales Ayma ha descubierto que la paz es más valiosa que la guerra; que la fraternidad vale más que la confrontación? Preferiría que fuera así. Y que dure. Que la conversión a la gran fraternidad sea definitiva. Que no tengamos que volver a escuchar más arengas hostiles y odiadoras.

¿O se tratará tan sólo de una maniobra táctica para recuperar la confianza ciudadana perdida en los últimos años de mandato presidencial, como opinan algunos observadores, que no creen en las frágiles promesas del político? Pronto lo sabremos.

Vengamos ahora al mensaje presidencial del pasado domingo, fecha que don Evo eligió para exaltar la fundación del Estado Plurinacional, socialista y otros etcéteras. Se ha dicho que el discurso fue muy largo, retrospectivo, y no propositivo (como se dice ahora). Se ganó la silbatina de una multitud que apenas llenaba la Plaza Murillo, bajo el tórrido sol del altiplano, sin haber almorzado y que esperaba ver el desfile militar. La verdad es que el informe del Sr. Presidente era la copia hablada de los papeles que cada ministerio le pasó. No podía ser una pieza oratoria de un Demóstenes, de un Cicerón o de un Tamayo.

Lo que importa ahora, cuando Evo Morales ha cumplido seis años en el sillón presidencial, es saber cómo va a seguir gobernando el país. El interrogante fue despejado cuando el Jefe del Estado recompuso el gabinete ministerial. No habrá novedad. Con el retorno de Juan Ramón Quintana al Ministerio de la Presidencia ¿se impondrá la conciliación frente al encono y la malquerencia, de las que dio pruebas suficientes en sus diversos puestos de mando? Habría que preguntárselo a Leopoldo Fernández, encarcelado sin sentencia, hace tres años y cuatro meses.

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