Columnistas

La misteriosa ecuación del amor

Nash debe estar sacudiéndose en su cripta por la cada vez más latente falta de valores en la sociedad

La Razón (Edición Impresa) / Sergio Pablo Garnica Pantoja

00:15 / 27 de junio de 2015

El 13 de junio John Nash hubiera cumplido 87 años. Este matemático, ganador del Premio Nobel de Economía en 1994, posiblemente sea recordado por usted gracias a la interpretación de Russell Crowe en la película Una mente brillante.  En el epílogo de la película, el discurso atribuido a Nash se viste de sutileza con la siguiente frase: “Solo en las misteriosas ecuaciones del amor puede uno hallar lógica o razón”.

Por supuesto Nash no recibió el Premio Nobel por el desarrollo de una ecuación del amor (la imaginación del ser humano aún no ha llegado a tanto). Sin embargo, consideremos por un minuto que se pueda medir el amor en una sociedad. Para ese trabajo primero, y tal vez lo más difícil, tendríamos que definir qué entendemos por amor, luego tendríamos que identificar qué variables nos van a ser de utilidad para medirlo.

Ramón Gómez de la Serna define el amor como el deseo repentino de hacer eterno lo pasajero, en un arrebato de romanticismo podríamos considerar el número de matrimonios como la expresión de amor en una sociedad convencional, pero para que sea un amor eterno evaluemos el porcentaje de divorcios. Si es amor verdadero debe existir respeto; por tanto, consideremos los casos de violencia intrafamiliar y el porcentaje de violencia contra la mujer para darnos una idea sobre el amor en Bolivia.

De acuerdo con datos del Órgano Electoral Plurinacional, entre 2006 y 2012 se registraron 269.149 matrimonios, de los cuales el 40% se encuentra en el departamento de La Paz, en Santa Cruz el 19%; y en Cochabamba el 12%. Por otro lado, entre 2007 y 2011 se registraron en el país 30.832 divorcios, el 27% corresponde a Santa Cruz, el 24% a La Paz y el 23% a Cochabamba. Estos datos corresponden al Servicio de Registro Cívico (Sereci). Sin embargo, estas cifras están subestimadas, puesto que no todos los divorcios realizados en instancias judiciales llegan a ser registrados en el Sereci (su registro no es obligatorio). Un trabajo de la Coordinadora de la Mujer informó que al menos la mitad de los matrimonios registrados terminan en divorcios, otro trabajo de la Cooperación Técnica Alemana indica que esta relación es del 72%. 

Las principales causas de divorcio identificadas son el adulterio, la violencia intrafamiliar, la falta de madurez en la pareja y la falta de comunicación. Por ejemplo, en 2013 los casos de violencia física y sexual atendidos en establecimientos de salud señalan que de 9.091 casos de violencia, 6.770 fueron contra la mujer y 2.321 contra el varón. En la mayoría de los casos el consumo de alcohol fue el catalizador. Un dato más actual y preocupante es el presentado por el Centro de Información y Desarrollo de la Mujer, que registró al menos 34 feminicidios en Bolivia entre enero y mayo de este año. También se indicó que Bolivia es el país latinoamericano con el nivel más alto de violencia contra la mujer y el segundo después de Haití en violencia sexual, según datos de ONU Mujeres.

Nash debe estar sacudiéndose en su cripta, y no por mi tendenciosa relación del amor con las cifras presentadas, sino por la cada vez más latente falta de valores en la sociedad boliviana, en mi humilde opinión, producto de una sociedad que transita hacia el lado más perverso del capitalismo como es el consumismo, el individualismo, la insensibilidad ante demandas justas y el “vale todo, métale no más...”. En ese escenario Bolivia no encuentra lógica o razón en esta misteriosa ecuación del amor. 

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