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No estaba muerta

Al parecer algunos de mis colegas no se han percatado de que la teoría cuantitativa no está muerta

La Razón (Edición Impresa) / Alejandro F. Mercado

00:04 / 12 de marzo de 2016

Para titular el presente artículo he tomado prestado el título de un antiguo trabajo del profesor Rómulo Chumacero que trata sobre la relación entre el dinero y la inflación, en tanto que mi interés es reabrir el tratamiento de esta relación. A objeto de entrar en el tema, permítaseme presentar una analogía. Si al despertarse una mañana y bajar los pies de la cama siente usted agua hasta sus tobillos, seguramente pensará que su casa se ha inundado. Si los pisos de su casa están mojados, la lógica lo llevará a pensar que entró agua, porque si no habría agua, no habría inundación, así de simple.

Pues bien, si cuando usted va a realizar sus compras y el dinero que ha llevado no le alcanza para adquirir lo mismo que antes compraba, es que los precios han subido, y si los precios suben es porque hay más dinero en circulación, de la misma forma que si inundó su casa es porque entró agua, así de sencillo. De allí se concluye que la inflación es un fenómeno monetario, a más dinero en circulación, mayor inflación. No es que el incremento permanente de los precios sea una consecuencia de las acciones especulativas por parte de los agentes económicos, ni nada parecido.

La idea de que existe una relación entre la cantidad de dinero y los precios no es nueva; al contrario, tiene cientos de años, aunque recién fue formalizada por Irving Fischer en su famosa ecuación cuantitativa del dinero. Para hacerlo sencillo, esta ecuación nos dice que el dinero multiplicado por su velocidad es igual a los precios multiplicados por el volumen de las transacciones. Si la velocidad del dinero, es decir cuántas veces una unidad monetaria pasa de una mano a otra, es relativamente invariable, así como el hecho de que la producción real de mercancías no puede cambiar de la noche a la mañana, entonces un aumento en la cantidad de dinero se traducirá en un incremento de los precios.

Hasta aquí todo muy bien. El problema es que los seguidores de Keynes entendieron mal a su maestro y consideraron que un aumento en la cantidad de dinero en circulación haría caer la velocidad de circulación y, por ende, no pasaría nada con los precios, por lo tanto, el dinero no sería importante. Lo importante sería la relación entre el gasto autónomo y el gasto inducido. Así, un cambio en el gasto autónomo, digamos un aumento en el gasto de gobierno, se traduciría en un incremento de la producción y no en los precios. Lamentablemente estas peregrinas ideas todavía están en la cabeza de algunos de mis colegas que no se percataron de que la teoría cuantitativa no estaba muerta.  

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