Columnistas

De muertes y rosas

Los perpetradores del horror nunca recuerdan que la memoria suele ser más larga que su brazo.

La Razón / Carmen Beatriz Ruiz

04:50 / 07 de marzo de 2012

En enero de este año, en el cementerio del pueblo sevillano Guillena, en España, se exhumaron los restos de las “17 rosas”, fusiladas por el ejército victorioso del dictador Francisco Franco, según reportes de la prensa internacional. Asesinadas y enterradas en una fosa común, las 17 mujeres tenían entre 24 y 70 años, y su delito fue ser hijas, hermanas o viudas de hombres republicanos y socialistas, los “rojos” de la época.

Es sólo una muestra más de los dramas ocurridos durante la Guerra Civil española entre 1936 a 1939. Y luego, durante los 40 años que duró la dictadura.

Las investigaciones históricas calculan que más de 100 mil personas fueron enterradas en fosas anónimas. Ése fue, por ejemplo, el destino deparado al poeta granadino Federico García Lorca. Sin embargo, el único registro oficial de la matanza, dice una crónica del periódico mexicano La Jornada, “se obtuvo gracias a la investigación judicial iniciada por el juez Baltasar Garzón (actualmente procesado por el Tribunal Supremo por este hecho), quien solicitó a todos los ayuntamientos del país una especie de censo de los desaparecidos durante la Guerra Civil. El resultado fue de 143 mil 353 personas, la mayoría todavía sepultados en parajes anónimos” (sic).

Ahora la historia de las 17 rosas puede verse en una película del mismo nombre. Hay otra, titulada 13 mujeres, que cuenta el asesinato de un grupo de mujeres chinas a manos del ejército japonés durante su ocupación a ese país en los años de la Segunda Guerra Mundial.

Mañana, 8 de marzo, se conmemora el Día Internacional de la Mujer, en homenaje a un grupo de obreras textiles quemadas en una fábrica de Nueva York en 1908. El 25 de noviembre, Día internacional contra la violencia hacia las mujeres, se recuerda el asesinato de las hermanas Mirabal, perpetrado por la tiranía del dominicano Trujillo. Pero no es necesario seguir mirando hacia atrás para recabar los números de las masacres de mujeres. Hoy, como ayer, las noticias muestran las horrorosas cifras de “femicidios”. Los cometen ejércitos pero también quienes alguna vez las acariciaron. Maridos, novios, hermanos y amantes, en general hombres cercanos a las víctimas. En el primer caso los escenarios son revueltas, guerras y dictaduras. En el segundo, las paredes de los hogares, ese mundo privado que es, supuestamente, lugar de protección y seguridad.

María José Domínguez, nieta de una de las “17 rosas” españolas fusiladas, explicó que la finalidad de su larga y denodada lucha por lograr la exhumación “es poner punto y final a esta historia” y “entregarle mi abuela a mi padre para que la entierre en su pueblo, y sobre todo quiero contar la verdadera historia, que no es la que han contado los vencedores”. Los perpetradores del horror nunca recuerdan que la memoria suele ser más larga que su brazo.

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