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De muestra, un botón

Los congresos y encuestas fueron fachadas para dar un barniz democrático a decisiones verticales

La Razón (Edición Impresa) / Reymi Ferreira

00:23 / 04 de julio de 2014

La debilidad de la oposición no es la falta de dinero, ni la supuesta persecución política, ni le faltan siglas. El punto débil de la oposición es la falta de credibilidad ante la población, causada primero porque no tiene una propuesta alternativa que no signifique volver al pasado; y segundo, porque sus acciones traicionan sus palabras.

Lo ocurrido con el denominado Frente Amplio (FA), que lideró  Doria Medina, es un buen ejemplo de inconsecuencia. Cuando se gestó el FA, su creador hizo alarde de participación, de consulta democrática (hasta realizaron el show de las encuestas). Sin embargo, de un momento a otro el líder de Unidad Nacional (UN) pactó la vicepresidencia con el Movimiento Social Demócrata (MSD), de Rubén Costas, sin consultar con sus aliados, marginándolos de la alianza, con un estilo autocrático como si el Frente Amplio fuera una empresa más del dueño de UN. Adiós encuestas y programas para “refundar” una democracia supuestamente en riesgo, como tanto se había cacareado. La impostura fue seguida por el batir de palmas de los corifeos que elogiaron el pragmatismo de sus jefes.

Por el lado del MSD no hay una práctica diferente. Pese a que un congreso nacional proclamó a Rubén Costas como candidato a la presidencia, de sopetón, sin congreso previo y dejando en una situación incómoda al Movimiento Sin Miedo (MSM), el aspirante presidencial se aparta y designa (esa es la palabra) por sobre el congreso a otro postulante. Es evidente que esta acción no es una renuncia altruista ni mucho menos; obedece a una lectura acertada de la realidad que proyecta un escenario adverso para una candidatura nacional. En ambos casos está claro que los congresos y encuestas fueron simples fachadas para dar un barniz democrático a decisiones verticales.

Estas fuerzas, que se plantean como alternativas para enfrentar a un modelo al que califican de autoritario, no tienen empacho para actuar con absoluto desprecio a las normas de la democracia interna de sus organizaciones,  y sin la más mínima lealtad hacia sus aliados. Sus actos demuestran que son simples fantoches que representan egos e intereses trasnochados.

Al pueblo no lo engañarán, los que sí han sido engañados son los dirigentes que se creyeron el discursito de la “renovación democrática” del líder de UN o del MDS. Los “viudos” (as) de las antiguas alianzas, tanto del MSM como del FA, después de esta movida están condenados a ser terceros en un escenario polarizado, donde no tendrán ninguna incidencia. Bien dice el dicho, “de muestra, basta un botón”. Si estos caballeritos estando fuera del Gobierno actúan de esa manera, imaginémonos lo que harían si tuvieran el poder.

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