Columnistas

Un mundo en crisis

En el mundo de la política y de grandes corporaciones, nos encontramos en medio de un juego

La Razón (Edición Impresa) / Ignacio Romero

00:40 / 03 de diciembre de 2015

Recientemente tuve la oportunidad de mirar la película Our brand is crisis o como se la conoce en castellano Experta en crisis.  La afamada actriz de Hollywood, Sandra Bullock, interpreta a Jane Bodine, una estratega política estadounidense, contratada para trabajar en Bolivia durante la campaña presidencial de Pedro Castillo. El candidato es un hombre indiferente a la realidad del país y se encuentra 28 puntos por debajo en las encuestas. La trama cuenta la cruda realidad detrás de una campaña electoral y las maquiavélicas estrategias desarrolladas en ella. Eduardo es otro personaje importante en la cinta; es un joven que idealiza al sistema político y que cree fielmente en las promesas de su candidato. Este rol es interpretado por el actor boliviano Reynaldo Pacheco, un orgullo latinoamericano. La inspiración para la película fue el documental del mismo nombre, creado por Rachel Boynton y enfocado en las elecciones presidenciales de Bolivia durante el año 2002. El reportaje muestra con detalle la campaña electoral del entonces candidato y expresidente, Gonzalo Sánchez de Lozada (popularmente conocido como Goni); y las extremas maniobras de marketing implementadas por sus consultores políticos provenientes de Estados Unidos. A pesar de que muchas personas próximas a Goni lo delinean como un hombre integro y con visión, durante esas elecciones, gran parte de la población lo percibía como un multimillonario arrogante y el más acérrimo embajador del neoliberalismo y la globalización en el país. Otra de las razones porque el boliviano, en general, no sentía un vínculo con el candidato, era su marcado acento: él creció y pasó toda su juventud en Estados Unidos. Sus consultores políticos entendieron esta desconexión, y el resultado de las encuestas no los engañaba: el candidato se encontraba en una difícil situación; es así que decidieron usar la famosa estrategia de la “crisis”, mostrando a Goni como el único candidato capaz de vencerla. El lema de la campaña sería “Sí se puede”. Otra de las maniobras realizadas fue lo que ellos mismos denominaron “guerra sucia”; apuntando la misión de desprestigio hacia el candidato opositor, Manfred Reyes Villa, exalcalde de Cochabamba y hasta entonces líder en los sondeos. A sólo días de las elecciones, las tácticas empleadas por los asesores de Goni aún no lograban colocarlo al frente de las encuestas. Parecía que el segundo lugar iba a ser inminente, sin embargo, lo inexplicable sucedió y el embajador de los Estados Unidos, Manuel Rocha, señaló: El electorado boliviano debe considerar las consecuencias de escoger líderes de alguna manera conectados con el narcotráfico y el terrorismo, refiriéndose al entonces dirigente cocalero y también candidato Evo Morales (hoy presidente de Bolivia). El discurso fue tomado como una amenaza y el resultado sorprendió a todos, miles de personas que iban a votar por Reyes Villa decidieron hacerlo por Morales, y así Goni pasó del segundo lugar a convertirse en el ganador de los comicios. A poco tiempo de haber sido posesionado como presidente, Sánchez de Lozada propuso incrementar el impuesto al salario, lo que provocó fuertes protestas. Él tuvo que retroceder en esta medida para que el descontento social no terminara con su mandato. Durante los siguientes meses, sus consultores trabajaron analizando grupos focales y tratando de cambiar la percepción de la población hacia su administración. Sin embargo, la intención del gobierno de exportar gas por puertos chilenos a Estados Unidos y México, literalmente sacudió a la nación. Gran parte de la población estaba en contra de efectuar este negocio a través de Chile, por ver en ese país al culpable de la mediterraneidad boliviana. Las protestas se intensificaron y el ejército intervino dejando más de sesenta muertos y 400 heridos; esto obligó al Presidente a renunciar, huyendo del país con destino a Estados Unidos donde recibió asilo político. El éxito (en haberlo hecho presidente) de los consultores contratados por Goni, había dejado claramente a Bolivia en una situación insostenible. A pesar de que el trabajo de estos estrategas políticos era alcanzar metas planteadas, la empresa a la que ellos representaban nunca estudió las posibles consecuencias para millones de bolivianos; esto era, simplemente, un negocio más. Según un reporte publicado por el analista e historiador Nikolas Kozloff, la empresa GCS (Greenberg Carville Shrum), a quienes estos consultores representaban, habría recibido 30,000 dólares mensuales por su contrato en Bolivia. Sin embargo, la relación entre Gonzalo Sánchez de Lozada y sus asesores estadounidenses iba más allá de un contrato comercial. En el primer gobierno de Goni (1993-1997), se realizó la privatización de varias empresas públicas bolivianas, entre ellas YPFB (Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos), parte de la cual fue adquirida por AMOCO Corporation. Tiempo después de esta compra, AMOCO se fundió con la empresa británica de petróleo BP (British Petroleum), quedando gran parte del gas boliviano en manos de esta última. Es justamente BP, una de las empresas que esperaba exportar gas boliviano a Estados Unidos y México a través de puertos chilenos, durante el último gobierno de Sánchez de Lozada. Por su parte, algunos de los asesores políticos de Goni eran, sorprendentemente, los responsables de la imagen corporativa de BP a nivel mundial. Como ejemplo, gracias a sus estrategias de marketing, BP es hoy conocida como la multinacional más responsable con el medio ambiente, esto después del desastroso accidente que esta empresa tuvo en el Golfo de México, donde se derramaron millones de galones de petróleo. BP no es la única multinacional a la que estos estrategas representan. Monsanto (empresa de biotecnología agrícola) es una de sus clientes más importantes y por la que se vieron inmersos en el ojo del huracán. Stanley Greenberg, quien es director ejecutivo de este grupo de profesionales, se encuentra casado con la congresista de Estados Unidos, Rosa DeLauro. En 2009, DeLauro pasó el acta “FSMA” (Modernización de Seguridad Alimentaria), que luego fue firmada como ley por el presidente Barack Obama; los opositores a esta ley aseguran que el gobierno de Estados Unidos estaría poniendo una soga en el cuello de los pequeños granjeros, situación que beneficiaría enormemente a empresas como Monsanto. Este grupo de consultores no sólo trabaja con algunas de las corporaciones más grandes del planeta, sino también con candidatos que, claro, pasarán leyes y moldearán el futuro de sus naciones. Es el caso de James Carville, quien asesoró de cerca a Goni y fue también uno de los estrategas claves en las campañas electorales de Tony Blair (Reino Unido) y de Daniel Scioli (entonces gobernador de Buenos Aires en Argentina). Carville es hoy asesor del presidente Barack Obama y una de las figuras prominentes del partido demócrata de Estados Unidos; él ganó su reputación ayudando en la victoria presidencial de Bill Clinton en 1992. Un detalle que me parece interesante: su esposa es Mary Matalin, consultora política del partido republicano de Estados Unidos y exdirectora de campaña de George W. Bush. Ambos, Carville y Matalin, han trabajado para CNN. En el mundo de la política y de las grandes corporaciones, nos encontramos en medio de un juego donde la manipulación de la opinión pública es remunerada en grande, donde algunos de nuestros líderes son marionetas de los poderosos y donde nuestras propias decisiones, por lo general, no son tan propias. Este, es un mundo en crisis.

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