Columnistas

Los muros

En una sociedad planetaria, la existencia de muros es un retroceso que nos lleva a la Edad Media

La Razón (Edición Impresa) / Reymi Ferreira

00:02 / 18 de julio de 2014

El bombardeo del que es víctima la población de Gaza ha sacado nuevamente a la luz la situación del pueblo palestino, que además de la guerra soporta cotidianamente los “muros de la vergüenza”, como algunos han calificado a las barreras de hormigón erigidas en Cisjordania que han fragmentado parte del territorio palestino para dejar dentro de territorio israelí a colonias de residente judíos.

El pretexto de la seguridad interior utilizado para construir estas barreras no puede ser esgrimido para denigrar las condiciones de vida de  la población palestina, que cercada por este muro ve restringido su acceso al mundo exterior, al contacto con la población árabe que vive en Israel, y que para circular por su propio territorio tiene que verse sometida a controles humillantes.  Las condiciones de vida en confinamiento en la que viven los palestinos son muy parecidas a las que tuvieron que soportar los judíos  tras los muros del gueto de Varsovia por designios de los nazis.

El muro en Palestina ha sido declarado ilegal por la Corte de Justicia Internacional y condenado por la ONU y diferentes organismos de defensa de los DDHH, que sostienen que los derechos de unos no pueden privilegiarse en desmedro de los derechos de otros, y que los muros son mecanismos de exclusión esencialmente contrarios  a los derechos humanos.

En el siglo XX se construyeron varios muros, como el que el estalinismo erigió en Berlín, valla cuestionada por Estados Unidos y las potencias occidentales; el muro que divide la península de Corea; el construido por los ingleses en España sobre el peñón de Gibraltar, y la muralla levanta por EEUU en su frontera con México para evitar, según el gobierno, la inmigración ilegal.

En una sociedad planetaria cuyos principales organismos plantean la unidad de la especie humana, en una economía cuya interdependencia se profundiza, la existencia de muros es un retroceso que nos lleva a la Edad Media, a las épocas de las ciudades amuralladas. Es un contrasentido que  los países del G-7, o los voceros del FMI y otras instituciones financieras  exhorten a levantar las barreras que protegen a los mercados nacionales, mientras los gobiernos occidentales mantienen muros físicos (como el de México), o institucionales (como las rígidas políticas de migración de la Unión Europea, Japón o Estados Unidos).

Si los muros antimigratorios son contrarios a un orden internacional, respetuoso de la igualdad de condiciones del ser humano, los muros inadmisibles son aquellos que condenan a vivir en la indignidad a una nación, como es el caso de Palestina, un verdadero gueto en pleno siglo XXI, erigido justamente por aquellos que sufrieron en carne propia la exclusión y el exterminio.  

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