Columnistas

De música y derrotas

Todavía ronda en mí la idea de las oportunidades que perdimos por pedir lo imposible

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Iturri

00:34 / 24 de julio de 2015

Lo confieso: detesto el reguetón y buena parte de la música chicha. Y el “perreo” me parece una aberración. Usted que me lee sabe que no soy ni pacato ni conservador, pero sí creo en el arte y en decir y hacer las cosas con cierta elegancia.

En mi juventud crecí entre la balada, el jazz, el blues y algo de salsa. Es decir, en la cadencia, la tonada y la letra que te lleva a soñar, a recordar, a reír y, a veces (muchas veces), a la melancolía y al llanto. Para bailar elegíamos la música nacional; y para la guitarreada y el apronte al combate, la nueva trova y el rock latino, particularmente Sui Géneris.

Precisamente el dueto entre Charly García y Nito Mestre se iba hace 40 años en un memorable concierto en el Luna Pack, y prometía que “ya vendrán tiempos mejores”. Pero lo que vino fueron tiempos peores.

Crecí en una generación que quería tomar el cielo por asalto y que inmoló en su nombre a miles de sus mejores cuadros. Lo queríamos todo y casi nos quedamos sin nada. Y cambiamos, no a la contrarrevolución sino hacia lo posible. Sin la participación de los cuadros de los años 60, 70, 80, etc., no sería posible imaginar la democracia que hoy vivimos.

Pero primero tuvimos que aprender que el secreto del triunfo estaba en seducir para el voto, y no en la lucha armada. En unos meses más llegarán Piero, Víctor Heredia y León Gieco a Bolivia, para cantarle un tributo a Mercedes Sosa, la negra del vozarrón que tantas luchas nos acompañó. Estaré ahí.

La recordaré por sus canciones, sobre todo por aquella dedicada a la teniente coronel (hoy mariscala) Juana Azurduy, la mujer que prometió tierra a sus compañeros de armas indios, quienes la llamaban Pachamama; la libertadora a la que los padres de la patria le dieron, en agradecimiento por sus luchas, ¡el puesto de portera de escuela! ¡Ay, doctorcitos huayralevas!

Y mientras escribo estas palabras, todavía ronda en mí la idea de las oportunidades que perdimos por pedir lo imposible. Suena fuerte pedir lo que no se puede lograr, pero al final es inútil. Hace algunos años, me lo contó mi amigo Iván Canelas, Chile nos ofreció pagarnos 15.000 dólares al día por las aguas del Silala, el Comité Cívico Potosinista se opuso. El resultado: los chilenos siguen usando las aguas gratis y nosotros hemos perdido un montón de plata, o sea, varios millones de dólares. Me gusta la balada, el jazz, el blues, porque me acompañan en mi tristeza.

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