Columnistas

La niña manuelita

La celebración de la Navidad nos emociona por simples detalles que llegan a conmovernos.

La Razón (Edición Impresa) / Julieta Paredes Carvajal

00:00 / 25 de diciembre de 2016

La celebración de la Navidad nos emociona por simples detalles que llegan a conmovernos interiormente: la simpleza de un establo, la vulnerabilidad de una joven madre soltera, un hombre artesano que se compromete a cuidar a la mamá y a la wawita... No sé si esta historia contada desde hace 2016 años ocurrió tal como se la relata, pero sí sé cuál es la imagen que quiero tener para conmoverme durante la llamada Noche Buena y en Navidad: el proceso de cambio que hoy vivimos y que anida en mi corazón desde que yo era una niña que bailaba chuntunquis o villancicos bolivianos, y que hoy podríamos decir villancicos descolonizados.

Era todo un afán cuando cantaba: “Calla, calla niñito, te lo he de comprar ankuku, / sino quieres ankuku, el cucu te de kauchintar...”. Y con chullu, chullus y pajarillos, baila y baila delante del pesebre. Yo de verdad sentía que había esperanzas; que los problemas de mi familia, las deudas, se podían solucionar; que era posible que las familias más empobrecidas que la mía podían dejar de sufrir.

Cuando una es niña no dimensiona el sistema de opresiones. Creía que con compartir bastaba, y que como por arte de magia se podía empezar a mejorar y cambiar el mundo al que llegamos. Lo que no entendía plenamente era por qué los dioses y los héroes eran siempre todos hombres; no sabía del machismo, pero mi cuerpo lo sentía.

Quiero ahora contarle a Julita y a las niñas de Bolivia una historia que la estamos haciendo hoy con mucho esfuerzo y muchos errores, pero la estamos haciendo; quiero decirles que las esperanzas de este proceso de cambios, que yo lo llamaría proceso de ilusiones y alegrías, están en sus cuerpecitos de mujeres; que necesitamos saber y estar seguras que vinimos al mundo para ser felices y que en esta Navidad va a nacer la niña manuelita, nuestra profeta y compañera revolucionaria que apoyará nuestras luchas y la lucha de las mamás y papás que quieren construir otra Bolivia, la Bolivia del Vivir bien, con comida saludable, tortas, frutas, libros, guitarras, sikus, con pelotas, zapatos, cuarto propio, películas y canciones que hablan de nosotras.

La niña manuelita, humilde y luchadora, que apoya con pasión a las y los empobrecidos por el capitalismo, quien volverá a conmover el corazón del papa Francisco, que desde el Vaticano está luchando contra los hipócritas, sepulcros blanqueados, que se golpean el pecho en las iglesias, mientras hacen acuerdos con empresarios y opositores a los procesos de los pueblos, como el de Bolivia.

Niña manuelita, wawita linda, ven a vivir y crecer en mi corazón; quiero proteger tu inocencia y tu alegría; no quiero que te maten en ninguna cruz; quiero que vivas hasta ser viejita y enseñar las lindas cosas que traes en tu corazón a toda la humanidad y a la naturaleza. No mires ni te asustes de las heridas de mi corazón, la vida es así; yo quería que sea un corazón intacto, pero ya ves, no pude evitarlo. Una cosa te prometo, cuidarte para que crezcas y seas una giganta que se reparte en los corazones de todo el planeta.

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