Columnistas

‘La niña y el tamaño de su madre’

Gaby Vallejo decidió enfrentar la violencia de género a través de su arma preferida: la literatura

La Razón (Edición Impresa) / Homero Carvalho Oliva

00:40 / 27 de febrero de 2014

La violencia de pareja y la violencia sexual contra la mujer parece ser la historia sin fin. A medida que el mundo avanza y que las sociedades se modernizan, la violencia contra la mujer no deja de cobrar víctimas y se extiende como una peste por la sociedad contemporánea, atentando contra los derechos humanos.

Las Naciones Unidas definen la violencia contra la mujer como “todo acto de violencia de género que resulte, o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada”; y Gaby Vallejo, nuestra grande escritora cuya literatura marcó una época, decidió enfrentarla a través de su arma preferida: la literatura.

Vallejo invitó a 100 mujeres a escribir microcuentos sobre este tema y 39 le respondieron. Con el apoyo de la Fundación Iberoamericana del PEN Internacional, presidido por la escritora Gloria Guardia y Women Writers Commitee, se publicó en Bolivia el libro ¡Basta!, que reúne los trabajos de mujeres escritoras, poetas, periodistas y de otras profesiones que decidieron usar la imaginación para contar historias de violencia.

El resultado es un pequeño texto en el que están presentes, entre otros temas, la venganza, el daño psicológico infantil, los malos tratos, la rebeldía, la resignación, la muerte, el crimen, el asesinato, la violación, la vileza y el odio. Como en toda antología hay textos que son mejores que otros y en eso cada lector tiene la palabra. A mí me gustaron algunos, entre ellos el cuento de Carmen Beatriz Ruiz que da título a esta columna; un cuento súbito muy bien logrado que juega con la inocencia infantil para proyectar un secreto que podrá salvar a la madre del maltrato paterno. Hay otro cuyo título ya es una historia: Un hermano en mi vientre, de Judith Ustáriz Arandia; Tertulia, de María Lourdes Zabala; Ausente, de Pilar Pedraza, que posee un final perfecto; Calla y come, de Virginia Ayllón; Un día cualquiera, de Rosse Marie Caballero; Celo, de Rosaba Guzmán; La última cena, de Norma Mayorga; Vileza, de Irma Magnani; Culpable, de Yolanda Ramírez, que es jueza de ejecución penal en Cochabamba; ¿Cómo hago para que se vaya?, de Estela Rivera, minificción en la que no se trata que se vaya la bestia, sino el miedo que deja tantos años de sometimiento.

En el libro hay también un texto de Cristina Zabalaga que me sorprendió por su fuerza expresiva y lúdica, se llama Ella y empieza así: “Él mastica una rodaja de tomate con sal, ella mastica unas ganas locas de partirle la cara a él. Él engulle un pedazo de carne asada con pimienta. Ella engulle rabia, dos hojas de lechuga, engulle pena y un pedazo de pepino con vinagre. El traga papas fritas con picante. Ella traga su orgullo y media papa frita con mayonesa. El bebe cerveza en un vaso que luego va a parar a la cara de ella. Ella toma su limonada con desesperación, azúcar y dolor...”, tendrán que leer el libro para conocer el final. 

Es escritor.

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