Columnistas

Una novela criminal

La Razón (Edición Impresa) / Tribuna - Jorge Zepeda Patterson

00:00 / 22 de abril de 2018

Nunca dudan, nunca se culpan, nunca se arrepienten? pregunta Jorge Volpi a los victimarios de Florence Cassez, la joven francesa que pasó seis años en las cárceles mexicanas acusada de delitos que ella jura nunca cometió. Su caso habría sido el de muchas otras víctimas de un aparato de (in)justicia, politizado y corrupto, si no tuviera además otros ingredientes que lo hicieron célebre: sentó cátedra en la Suprema Corte, provocó un serio conflicto entre los mandatarios francés y mexicano (Nicolas Sarkozy y Felipe Calderón), fue un escándalo mediático porque la televisión fabricó escenas y evidencias, y dio lugar a un linchamiento público xenofóbico en contra de la “perversa” extranjera.

La novela criminal o novela sin ficción investigada y escrita por Jorge Volpi (reciente Premio Alfaguara) a lo largo de los últimos tres años, exhuma uno de los más lamentables episodios en la de por sí negra historia de la Policía mexicana y termina siendo un thriller de suspenso tejido a partir de una documentación puntual y acuciosa. El 8 de diciembre de 2005 Florence Cassez, una francesa de 31 años, y su novio mexicano Israel Vallarta son detenidos en la carretera por la Policía acusados de dirigir una banda de secuestradores. Durante las siguientes 24 horas él es torturado salvajemente con el fin de hacerle confesar delitos presentes y pasados (algunos de los cuales no podría haber cometido por encontrarse en otra ciudad). Al día siguiente la Policía invita a la televisión a filmar en vivo la supuesta liberación de los secuestrados y la aprehensión en tiempo real de los “delincuentes”. En el video original, un locutor de Televisa solicita al comandante responsable que detenga el operativo, el allanamiento de una casa sospechosa, porque el telediario aún no termina una nota de deportes. Una vez dispuesta, la Policía orquesta la puesta en escena: entran en la finca, someten a Israel Vallarta y a su novia, liberan a los agradecidos secuestrados, quienes ensalzan la labor de los agentes judiciales.

Aunque el video está plagado de contradicciones el impacto es mayúsculo. La opinión pública no habla de otra cosa en los siguientes días. En sus primeras declaraciones los secuestrados apenas atinan a decir algo sobres sus captores (los mantenían encapuchados), pero al pasar las semanas todos exhuman recuerdos que incriminan a los acusados. Ninguno más inculpatorio que el de una mujer que dice recordar el tiple afrancesado de Cassez, “la más cruel de todos”. La indignación popular contra la extranjera alcanza el paroxismo.

En honor a Televisa habría que mencionar que pese a que fue el cómplice más decisivo en este montaje, fue también el espacio (en el programa Punto de Partida, de Denise Maerker) en donde primero se ventilaron las incongruencias del video y, en última instancia, se mostró que la supuesta liberación de los secuestrados había sido en realidad una fabricación.

Para desgracia de Cassez y de Vallarta, la exhibición del abuso policíaco convirtió al affair en un asunto de honor para las autoridades. Habían cacareado de tal manera la eficacia de la Policía Federal Preventiva de México a partir del operativo en contra de la banda del Zodiaco, que terminaron siendo víctimas de su propia patraña. Genaro García Luna, el siniestro mandamás de los servicios de seguridad del régimen de Calderón, volcó el poder del Estado para demostrar la culpabilidad de la pareja. Lo que sigue es una película del horror.

La novela documental de Volpi hace un puntual reconocimiento de la manera en que se fabricaron testigos y evidencias. Las pistas para encontrar a los verdaderos culpables, que surgieron de manera incluso accidental, fueron desechadas deliberadamente. Cada vez que trascendía al público alguna contradicción flagrante en las pruebas en contra de la pareja, se fabricaba una andanada de testigos para extender la acusación a otros miembros de la familia Vallarta, alimentando así la perversa leyenda de la banda del Zodiaco (una invención peliculesca de la propia policía). Hermanos, sobrinos y tíos sin mayor vela en el entierro que la relación familiar pasaron años en la cárcel esperando sentencia, sometidos a tortura de manera sistemática.

Algunas de las evidencias fueron tan burdas que finalmente algunos miembros de la comunidad francesa en México comenzaron a poner en duda la versión oficial. Tras varios giros insospechados, el asunto fue tomado por Sarkozy mismo, quien intentó negociar con Calderón para que Cassez cumpliera su condena en Francia, acogiéndose al tratado de Estrasburgo reconocido por ambos países. Aunque originalmente de acuerdo, el Mandatario mexicano terminó cerrándose a esa posibilidad: quizá por apoyar a su comandante o tal vez para beneficiarse del sentir de la opinión púbica, profundamente adversa a la extranjera.

Este capítulo sobre la tensión entre los dos países y el de la batalla soterrada en la Suprema Corte, donde los distintos intereses intervinieron para presionar a los ministros, son verdaderamente electrizantes.

Una película con giros inesperados que arroja nuevas luces sobre la manera en que los grandes titiriteros mueven los hilos del poder. ¿Cómo fue posible que la Policía y la televisión mexicana, dos instituciones de escasa credibilidad, hayan podido construir de manera tan burda este linchamiento casi unánime pese a ser captados infraganti en la fabricación de pruebas? La Suprema Corte finalmente liberó a Cassez por las violaciones cometidas al llamado debido proceso.

Una novela apasionante y valiente que por desgracia no es ficción; un recuento excepcional del país que no deseamos ser pero seguimos siendo: Israel Vallarta aún espera sentencia 13 años después.

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