Columnistas

El nuevo arte de conversar

Las expresiones fáticas son emplea-das para establecer contacto social con otra persona.

La Razón / Umberto Eco

00:00 / 20 de mayo de 2012

Einaudi, la casa editorial italiana, acaba de sacar un libro con un título curioso. La traducción sería algo así como Lamento llegar temprano, pero me topé con una luz verde tras otra. Para los lectores que quizá no entiendan el significado, se trata simplemente de una frase común:

“Lamento llegar tarde, pero me topé con una luz roja tras otra”, sólo que volteada de cabeza.

El autor del libro, el bloguero Alfredo Bucciante, reunió 500 de sus expresiones favoritas en este tipo de lugares comunes que han sido invertidos para crear conceptos divertidos, a veces intrigantes. Uno de los más obvios es: “Venecia es el Ámsterdam del sur”. El más inteligente, creo, es

“Los blancos tienen el ritmo en la sangre”.He aquí algunos ejemplos más tomados al azar del libro: “A veces la ficción es más extraña que la verdad”/  “Las drogas duras son el primer paso hacia fumar marihuana”/ “El maestro hace la práctica”/“Sí, soy senil, pero no viejo”/“Vamos a hablarnos de usted”/“El griego es matemáticas para mí”/“Hubo un tiempo en que todo esto era ciudad”/“No te conozcas a ti mismo”/“El mayordomo no lo hizo”/“No es tanto la humedad, es el calor”/“Tu cerebro freirá la televisión”.

El libro es sin duda una lectura interesante. Una vez que lo haya terminado seguramente se sentirá inspirado a crear algunas de estas expresiones “invertidas”. Aquí están algunas mías: En el mundo actual nadie sabe ya lo que estás haciendo. / ¿Cómo puedo dirigir si todo mundo está remando en la misma dirección que yo?

Todos nosotros utilizamos la forma normal de estas frases comunes con mucha frecuencia en nuestras conversaciones cotidianas.

Frecuentemente reflejan una verdad obvia. Pero no hay nada de malo con decir la verdad, pese a que todos ya la conozcan. El hecho es que tales frases tienen una función fática en el lenguaje. Las expresiones fáticas (para los que no están familiarizados con la obra del lingüista Roman Jakobson, nacido en Rusia) son aquellas empleadas únicamente para establecer contacto social con otra persona; al igual que la llamada “plática pequeña” en inglés. Estas expresiones generalmente no transmiten ninguna información útil o siquiera preguntas auténticas. Cuando nos cruzamos con alguien en la calle, por ejemplo, o en un corredor, decimos, “¿Cómo estás? Realmente no necesitamos una respuesta; simplemente estamos haciendo un contacto social antes de continuar por nuestros caminos opuestos.

Los clichés tienen una función fática similar porque no dicen algo que la otra persona no sepa (como “¡El clima ya no es como antes!”). El propósito en este caso es establecer una relación cortés, temporal, con otra persona, al indicar que vemos las cosas en la misma forma que él o ella.

Conforme envejezco, descubro que tiendo a no tener paciencia para relaciones con personas que me parecen irritantes, a menos que sean desconocidos. En esos casos, para evitar crear problema con conductores de taxis, porteros, vendedores de periódicos y cantineros, intercambio con ellos observaciones “profundas” acerca de la vida y el clima. Dado que nuestra conversación indica que veo las cosas exactamente como ellos, me consideran respetable. Como resultado, se hacen más cooperativos. Pueden ver que no soy portador de noticias u opiniones controversiales, así que no se molestan en preguntarme acerca de información confidencial ni tratan de involucrarme en conversaciones largas o debates.

Aún más importante, dado que creen que nuestras opiniones coinciden, no me preguntan qué pienso de la crisis en Europa. De esta forma, los lugares comunes nos ayudan a evitar interacciones desagradables, y son un salvavidas para aquellos de nosotros que, en esta era de comunicación constante, prefieren el silencio y la soledad.

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