Columnistas

El nuevo camino de Irán

La movida de China hacia el oeste fue avivada por la división con la Unión Soviética y su aislamiento

La Razón (Edición Impresa) / Fareed Zakaria

01:07 / 01 de agosto de 2015

Al llegar al acuerdo nuclear con Irán, la administración Obama ha sido cuidadosa en destacar que se trata exclusivamente de un acuerdo sobre temas nucleares. “El acuerdo soluciona un problema en particular”, explicó el presidente Obama en una conferencia de prensa en la Casa Blanca, el pasado miércoles. Y los partidarios y críticos rápidamente sugieren, de igual modo, que esta movida es bastante diferente a la apertura de China realizada por Richard Nixon en 1972, determinación que transformó a dicho país y a sus relaciones con el resto del mundo. Irán, después de todo, es un país sin escrúpulos que grita “muerte a Estados Unidos” y financia el terror antiestadounidense a través del Medio Oriente. No obstante, en los setenta Pekín era fundamental para que Estados Unidos pudiese terminar la guerra de Vietnam, e Irán lo es ahora para echar al Estado Islámico de Siria e Irak y estabilizar Oriente Próximo.

Recordemos cómo estaba China cuando Henry Kissinger realizó su viaje secreto a Beijing en julio de 1971. Mao Zedong era, sin lugar a dudas, el líder más radical antiestadounidense del mundo, y apoyaba a grupos guerrilleros violentos a lo largo de Asia y más allá del continente oriental. Y a pesar de que no gritaba “muerte a Estados Unidos”, Beijing era el hincha principal de los norvietnamitas, enviaba tropas, reservas y fondos para pelear y matar a los soldados norteamericanos todos los días. A su vez, China se encontraba en medio de la revolución cultural, uno de los periodos más bárbaros de la historia moderna del país asiático.

Inicialmente, la apertura de China no cambió nada de esto. Durante las charlas que involucraban a Nixon, Kissinger, Mao y al premier chino Zhou Enlai, los chinos se rehusaron a finalizar su apoyo al régimen norvietnamita o incluso a alentar a Hanoi a negociar seriamente con Washington. De hecho, mientras Nixon y Kissinger hablaban con los chinos, aumentaba el envío de armas de Beijing a Vietnam del Norte. El historiador Qiang Zhai, cuyo libro trata acerca de la implicación de China en la Guerra de Vietnam, se basa en archivos y documentos chinos que reflejan que entre 1971 y 1972 los envíos de china de armas, artillería, radiotransmisores y vehículos ascendieron bruscamente. Y justo ahora nos dicen que hubo un mítico acuerdo mejor que debería haber tenido lugar con Irán; los conservadores vilipendiaron a Nixon de transar con Taiwán y reclamaron que más que ceder el sitio de Taiwán en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a Beijing, Washington podría haberse esforzado más en negociar un acuerdo dual.

No obstante, con el tiempo, China frenó su apoyo a los movimientos revolucionarios en países como Indonesia, Malasia y Tailandia. Además, sus relaciones con Vietnam se deterioraron, por muchas razones, pero ciertamente la apertura a Estados Unidos fue una de ellas. Estos cambios finalmente llevaron a reconsiderar totalmente la política exterior de China, empero, siete años después de las reuniones con Kissinger, bajo un nuevo líder chino, Deng Xiaoping, quien primero consolidó el poder y luego rompió con la visión del mundo revolucionaria de Mao.

Respecto a Irán, hagamos varias advertencias. La movida de China hacia el oeste fue avivada por la división con la Unión Soviética y, tal vez, su aislamiento total. Irán no enfrenta una amenaza de seguridad tan grave. Además, como país productor de petróleo que incluso bajo sanciones obtiene decenas de miles de millones de dólares en ingresos, nunca ha sido verdaderamente aislado o desamparado. Empero, a Irán claramente le amarga ser tratado como un paria en el mundo. Una nueva generación de iraníes ha demostrado esta frustración de diversas maneras. Y un nuevo conjunto de líderes, que tienen algo de influencia, pero no el control total, desea restaurar a Irán para que se encuentre en una posición más normal.

¿Acaso eso significará que las políticas exteriores de Teherán se moderarán? La historia sugiere que cuando los países se integran más al mundo y a la economía mundial, tienen menos incentivos para arruinar y más para mantener la estabilidad. Ciertamente, ésta es la razón por la cual varios partidarios de línea dura en Irán se oponen al acuerdo nuclear. Creen que esto llevará a Irán hacia una dirección equivocada, una que podría suavizar el extremo revolucionario del régimen.

Por supuesto, Irán perseguirá sus intereses nacionales y habrá oportunidades en las cuales éstos claramente entrarán en conflicto con la política estadounidense. Sin embargo, en los desafíos actuales más urgentes de Occidente en el Medio Oriente (la amenaza del Estado Islámico y la estabilidad de los gobiernos de Irak y Afganistán), Irán y Estados Unidos en realidad poseen intereses superpuestos. Evidentemente, Irán está financiando milicias en Irak y Siria, pero son la fuerza única más eficaz sobre el terreno que está luchando contra el Estado Islámico. ¿Debería detenerse? La guerra sectaria en Medio Oriente, que está siendo alimentada por los sunitas así como por los chiitas, continuará. No obstante, finalmente Washington y otros podrán hablar con ambos lados acerca de la división para intentar negociar una reducción de tensiones.

No ocurrirá ningún cambio significativo en Irán en los próximos meses. No ha sucedido en China. Ni tampoco en Cuba o Birmania. Pero, en los próximos diez años, si hay mayor contacto, comunicación, comercio y capitalismo entre Irán y el resto del mundo, sin duda que esto gradualmente habilitará a aquellos iraníes que vean el destino de su país como parte del mundo moderno, y no en oposición a éste.

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