Columnistas

Un nuevo concepto de desarrollo

La descolonización cultural del consumo es el principal cuestionamiento a los enfoques de desarrollo

La Razón (Edición Impresa) / Emilio Pinto Marín

00:18 / 04 de julio de 2014

El maestro José Mujica planteó  en la reunión del G-77 la necesidad de cambiar el actual concepto de desarrollo, paradigma creado a partir de lo que él llama la colonización cultural. La lucidez de su razonamiento lanza un reto muy grande a la sociedad en conjunto. Plantea salir de la creencia de un solo tipo de desarrollo industrial capitalista —y por qué no también socialista (China)—, que prioriza el dominio del hombre sobre la naturaleza.

El desarrollo de las fuerzas productivas, motor de la historia, entra en contradicción cuando se pone en juego la existencia misma del hombre en el planeta. La humanidad ha asumido una especie de complejo de superioridad que a la hora de la verdad no podrá ser enfrentada ni con la más desarrollada tecnología. En tal sentido, cabe preguntarse cómo crear un paradigma de desarrollo que no involucre la creación a gran escala de bienes que deben ser desechados lo más antes posible, para que su producción sea permanente, sin importar si eso implica el uso indiscriminado de los recursos naturales.

Posteriormente, el presidente uruguayo continúa su cuestionamiento con una pregunta: “¿Si salimos de la situación de países pobres, podemos hacerlo sin copiar el estilo de vida de los países ‘desarrollados’?”. Es decir, sin elevar los niveles de consumo de manera irracional. ¿Sirve de algo dejar de ser un país pobre para entrar en la vorágine del consumo? En este punto, el principal escollo a vencer no es el económico, sino el cultural, entendido como la alienación al consumo. La descolonización cultural del consumo en todas sus manifestaciones representa el principal cuestionamiento a los enfoques de desarrollo.

En el caso de Bolivia, somos herederos de una cultura que desarrollo de manera holística las ciencias y las artes. En lo productivo, a partir de tecnologías de la más avanzada hidráulica se cultivó y domesticó cientos de variedades de alimentos; concretamente la papa, alimento mundial, del cual perdimos la memoria productiva, así como su múltiple uso, desde el ritual hasta el alimenticio. Lo mismo con la quinua y el amaranto. En el sector textil tenemos las fibras más complejas y de alta calidad, donde destaca la lana de llama, de cualidades térmicas incomparables. En este ámbito también sufrimos la pérdida de su memoria productiva. En síntesis, somos herederos de una visión holística de convivencia armónica con la naturaleza, que abarca la astronomía como parte de una conciencia objetiva de ser parte del sistema solar, y que indudablemente afecta con sus cambios la vida en nuestro planeta, sobre todo en la agricultura y en las telecomunicaciones.

Por lo tanto, pensemos un tipo de desarrollo productivo que priorice los sectores en los que somos expertos ancestralmente, por no decir genéticamente. Obviamente no lo hacemos porque estamos colonizados culturalmente, realidad que conlleva repercusiones en aspectos políticos y económicos. No podemos salir de un enfoque de desarrollo que estimula el consumo para satisfacer la producción anárquica del mercado. Si bien la producción es social, la distribución es privada en el capitalismo, de ahí que surgen las crisis. La ecuación producción-consumo es inviable, por eso siempre habrá desempleo, inflación y todos los desequilibrios de los que se alimenta el mercado. Aceptemos el desafío de Mujica, construyamos un nuevo enfoque de desarrollo en términos sociales y tecnológicos, sigamos la luz encendida por el Tupa Amaru.

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