Columnistas

Una obra de ficción

Transcribo algunos apuntes de una novela policial que me da vueltas en la cabeza.

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Iturri

22:54 / 23 de junio de 2016

Siempre quise escribir una novela policial, género que me encanta, por eso transcribo algunos apuntes de una obra que me da vueltas en la cabeza.

En una no muy lejana galaxia se realizará una consulta para saber si el gobernante tendrá o no derecho a presentarse una vez más a las elecciones. Las cosas estarán bastante parejas, y los enemigos de la continuidad, para salir airosos, deberán conseguir algún papel comprometedor contra el mandatario; por ejemplo, la prueba de que tiene un hijo y de que la que alguna vez fue su pareja ahora trabaja para una empresa extranjera.

Como toda obra tiene giros dramáticos, los hombres del complot deberán ofrecer este papel a varios operadores mediáticos. Luego de sucesivos rechazos, uno de ellos deberá aceptar. Para darle dramatismo, deberá ser un personaje con un pasado muy oscuro, un exconvicto por ejemplo y que además haya participado directamente en el asesinato de un par de guerrilleros (debe haber en la vida real ese tipo de individuos). Una vez lanzado el tema, los operadores mediáticos tendrán que sembrar la sombra de la duda de manera que unos cuantos miles de votos dudosos se decidan a sufragar contra el gobernante.

Pero ganar la consulta no basta, sobre todo para el jefe de los conjurados. Se buscarán más y mayores impactos. Para ello, de la nada habrá que inventar al hijo. Puede ser un pequeño traído de otro país con padres pagados para que se monte la pantomima. Claro, para darle un halo de mayor credibilidad hay que involucrar a la prensa internacional.

Sin embargo, como Henry James recomendó, hay que darle otra vuelta de tuerca. Al final, se descubre que el niño no existe, que los que montaron el complot son vulgares delincuentes, que entre ellos hay abogados y políticos. Todo esto además deberá causar gran revuelo entre los operadores mediáticos, quienes comenzarán a temblar ante la posibilidad de ser acusados de complicidad en el crimen. Para no terminar en la cárcel, los comunicadores deberán decir que se encuentran acosados y pedir asistencia internacional. Algunos se sentirán usados, otros pedirán que ya no se trate el caso, sino que se escriba sobre otras cosas. Puede incluso que algunos sean rentados.

Mientras, en el partido que urdió la trama las peleas deberán ser profundas entre los que sabían del complot y los que ignoraban en manos de quiénes estaban. O, para ser más exactos, qué tipo de persona paga las cuentas. Todos temen la prisión. Termina así la obra del niño inexistente. Alguien me dice que se parece a la realidad. Ah, eso es porque ésta siempre será más sorprendente que la más sorprendente de las fantasías.

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