Columnistas

Antes de la obra del maestro

El hallazgo permite ver cómo los temas y estilo estaban conformados antes de iniciar su carrera.

La Razón (Edición Impresa) / Enrique Bernárdez

02:36 / 16 de diciembre de 2012

La aparición de un texto nuevo de Hans Christian Andersen es sin duda una gran noticia, un descubrimiento sensacional, como ya se ha escrito en periódicos de medio mundo. La vida y la obra del escritor danés han sido objeto de investigación desde hace más de un siglo. No era de esperar, por tanto, que apareciese nada completamente nuevo. Pero el historiador local Esben Brage halló en el archivo de la isla de Fionia lo que nadie podía sospechar: el que pudo ser primer cuento de Andersen, redactado cuando tenía entre 14 y 19 años. El estudio realizado por el investigador Ejnar Stig Askgård confirma la atribución. No se trata de un manuscrito original de Andersen, sino de una copia. Parece que el entonces futuro escritor regaló a una buena amiga de la familia, la señora Bunkeflod, ese primer fruto de su talento literario, y ella u otra persona de su familia regaló la copia a un tal S. Plum.

El mismo Andersen reconoce en uno de sus escritos autobiográficos que la casa de la señora Bunkeflod fue su primer auténtico hogar, y que en ella tuvo sus primeros contactos con la literatura y también que, al parecer, fue allí donde decidió dedicarse a escribir. No es extraño, por tanto, que ese primer ensayo lo regalara a su amiga y protectora. El cuento Tællelyset (La vela de sebo) reúne muchas de las características del autor. No sólo de sus cuentos, también de sus novelas, muchos de sus poemas y dramas. La búsqueda del lugar en la vida, las apariencias sucias y pobres que ocultan un alma buena y creativa, la capacidad de iluminar a todos los demás, son elementos constantes en Andersen. Por ejemplo en El patito feo, donde bajo las feas plumas de un pato sin gracia se esconde un bello cisne que, sin embargo, no llegará a la culminación sino tras muchas penosas aventuras. Igual que esta vela de sebo. Por otra parte, tomar como eje central de un cuento un objeto aparentemente tan cotidiano como una vela barata es uno de los rasgos más característicos de los relatos andersenianos: sartenes, abetos, cuellos de camisa, farolas, cuellos de botella y otros objetos heterogéneos son protagonistas de algunos cuentos magníficos.

La luz, tan evidente en este nuevo cuento, es un tema constante en el autor. La farola y La pequeña cerillera son ejemplos de ello. Pero mejor aún si nos vamos a su cuento Las velas, donde la humilde vela de sebo regalada a una niña pobre no será menos que la aristocrática vela de cera regalada a una niña rica. Dice la de sebo: “¿Habrán podido pasarlo mejor las velas de cera en sus candelabros de plata? ¡Me gustaría saberlo antes de consumirme!”.

Este hallazgo nos permite ver cómo los temas y el estilo, las preocupaciones vitales y literarias de H. C. Andersen, estaban ya conformadas antes del inicio de su carrera como escritor —el más famoso en el plano internacional— que ha dado Dinamarca.

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