Columnistas

La carta de López Obrador

La Razón (Edición Impresa) / Lucía Sauma

23:39 / 27 de marzo de 2019

Andrés Manuel López Obrador (AMLO), presidente de México, escribió dos cartas, una dirigida al papa Francisco y la otra al rey Felipe VI de España, en ambas solicita que se pida perdón a los pueblos originarios por los abusos contra los derechos humanos cometidos durante la conquista. “Hubo matanzas, imposiciones. La llamada Conquista se hizo con la espada y con la cruz”, escribió AMLO. Mi primera impresión fue que la carta era un sinsentido, pero cobró significado al conocer que el Rey de España lamentó profundamente que se haya hecho pública la carta de AMLO. El rey se enojó o al menos se incomodó.

No pensé que esta carta fastidiara 500 años después a quienes conquistaron el continente americano. Muchas fueron las reacciones, desde la Vicepresidenta española, quien airada aseguró que el Rey “no tiene que pedir perdón a nadie”, hasta el escritor Arturo Pérez Reverte, quien, con la soberbia del colonizador, entre otras cosas dijo “que se disculpe él (López Obrador)”, y terminó con el improperio de “si este individuo se cree de verdad lo que dice, es un imbécil. Si no se lo cree, es un sinvergüenza”.

Nuestras vidas están regidas por un abrumador eurocentrismo que, por ejemplo, nos lleva a conocer mejor los nombres de los ríos de Francia, España o Italia que los de México, Colombia o Ecuador. Conocemos los nombres de las capitales de Europa, pero ignoramos casi por completo continentes enteros como África o Asia. Educados en las directrices europeas, apenas vislumbramos lo grotescas que son las formalidades de la realeza, todavía vigente en el Viejo Continente.

El racismo y la discriminación no es un invento de los pueblos originarios, ni siquiera de las clases medias o altas latinoamericanas. Las raíces de esos males vienen precisamente de la época del coloniaje, cuando se instauró un debate para considerar si los indígenas eran seres humanos. Fue el papa Paulo III quien, mediante la bula Sublimis Deus de 1537, dio por sentado que los indios son seres humanos dotados de alma y razón. Que el Rey de España o el Papa pidan perdón no cambiará nuestro pensamiento colonizado, nuestra cotidianidad colonizada. Las reglas con las que desarrollamos nuestra vida, la comida, la educación de los hijos, el matrimonio, el enfoque de la salud, los deportes. Sin embargo, los cambios se dan cuando, de tanto en tanto, volvemos a repensarnos y a obrar con libertad.

Siempre sirven las provocaciones, como las del Presidente mexicano, para mirarnos, reconocernos, saber que es necesario establecer paradigmas propios, actuales, los que creamos más justos, más adecuados a nuestra realidad. Cada vez parece más ridículo que celebremos la Navidad con nieve cuando en el cono sur estamos en pleno verano.

* Periodista

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