Columnistas

El ocaso neoliberal

El neoliberalismo fracasó en Bolivia y está fracasando en el mundo debido a sus propias contradicciones.

La Razón (Edición Impresa) / Omar Rilver Velasco Portillo

00:09 / 04 de julio de 2017

Han pasado 11 años desde que Bolivia cambió su modelo económico, dejando de ser un Estado servil al capitalismo internacional y a los intereses de los organismos foráneos a uno con soberanía en la definición de sus propias políticas económicas y un rol más activo del Estado. Pero como la memoria es ingrata, más aún en las mentes de los neoliberales del país (quienes critican la falta de ideas para hacer frente a la caída de precios externos y la ausencia de transformaciones estructurales), conviene abrir, una vez más, el baúl de los recuerdos y desempolvar un poco el pasado.

Recordemos primero que el neoliberalismo surgió en los años 70 como una corriente económica que promovió el capitalismo globalizador a partir de la promoción del libre comercio, flujos de capitales extranjeros y una reducida participación del Estado en la economía. Empero, más que una corriente teórica fue un conjunto de acciones políticas que promovieron los países avanzados para expandir su influencia en el mundo.

Las crisis de México (1994), del Sudeste Asiático (1997), Brasil (1998) y Argentina (2001), entre otras, alertaron de las deficiencias del neoliberalismo para garantizar la estabilidad económica y el crecimiento sostenido. Las economías emergentes se enfrentaron a nuevas vulnerabilidades producto de la apertura económica excesiva, que se tradujo en movimientos de capitales especulativos, crisis cambiarias y contagios sistémicos.

El colapso de la burbuja inmobiliaria en EEUU en 2007 y su rápida propagación a Europa desató la segunda mayor crisis económica de la historia. Esta vez el epicentro tuvo lugar en los países desarrollados. El neoliberalismo no evitó el desplome de estas economías, que tuvieron que recurrir a las odiadas políticas intervencionistas.

La caída de los precios de las materias primas de los últimos años es una lección de lo engañoso que pueden ser los mercados cuando uno llega a enamorarse demasiado de ellos. Las economías más afectadas fueron, por supuesto, los mejores alumnos del libre mercado, países con una gran apertura comercial y regímenes flexibles que, por efecto de los términos de intercambio desfavorables y aceleradas depreciaciones cambiarias,  transfirieron ingentes riquezas a los países desarrollados.

Las contradicciones no se agotan. Thomas Pikety en su libro El Capital del Siglo XXI denunció cómo la desigualdad del ingreso en el mundo se ha exacerbado en los últimos 20 años. La razón se halla en que la tasa de retorno de capital subió excesivamente por encima del crecimiento económico, mientras que la participación de los salarios en la distribución del excedente económico ha disminuido.

El ascenso de Trump gracias a promesas de campaña como la de abandonar el tratado del Pacífico y renegociar el TLC con México y Canadá así como la salida del Reino Unido de la UE (brexit) son expresiones democráticas del resurgimiento de sentimientos nacionalistas en el electorado del primer mundo ante los resultados insatisfactorios que dejó el modelo neoliberal.

En Bolivia, el neoliberalismo tuvo patas cortas. Comenzó con los ajustes estructurales en los 80 que liberalizaron los mercados  financieros y de divisas, y flexibilizó el mercado del trabajo. Luego se enajenaron los bienes del Estado en favor de empresas extranjeras. No se cumplieron los objetivos macroeconómicos: prevaleció un lento crecimiento económico, bajo ahorro interno, elevada pobreza, dolarización y escasa oferta de bienes públicos. La mala administración fiscal derivó en una aguda crisis fiscal y social que aniquiló el modelo y demandó un cambio de paradigma.

El neoliberalismo fósil fracasó en Bolivia y está fracasando en el mundo debido a sus propias contradicciones y porque a la fecha no tiene un proyecto alterno.

El término neoliberal se utiliza para aludir a los economistas autores y defensores de las políticas que lo promovieron. Estos economistas de piel de iguana que esconden su verdadera esencia en el manto institucional y la bandera de la productividad no tienen una perspectiva de lo que está pasando en el mundo y de la verdadera crisis de ideas.

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