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A ochenta años de la paz del Chaco

El Protocolo del 12 de junio de 1935 se constituye en un hito fundamental en nuestras relaciones con el Paraguay

La Razón (Edición Impresa) / Ramiro Prudencio Lizón

02:03 / 03 de junio de 2015

En el presente mes de junio se conmemora el 80 aniversario de la suscripción del Protocolo del 12 de junio de 1935, que dio fin a las hostilidades en el Chaco, después de tres años de una cruenta guerra, donde perecieron más de 60.000 hombres entre bolivianos y paraguayos. El mencionado protocolo fue suscrito por los cancilleres de Bolivia y Paraguay, Tomás Manuel Elío y Luis Riart, respectivamente, reunidos en la Casa Rosada de Buenos Aires; y en presencia del presidente argentino, Agustín Justo, y de los miembros que conformaban la Comisión de Mediación.

Pese a que el acuerdo estaba sujeto a ratificación, el presidente Justo expresó en ese día que tenía “el gran honor y una alta satisfacción de declarar y anunciar solemnemente que la Guerra del Chaco ha terminado”. Posteriormente, los cancilleres Elío y Riart salieron al balcón principal del palacio de gobierno y se abrazaron delante de una inmensa multitud concentrada en la Plaza de Mayo, que con lágrimas vitoreaban a Bolivia, Paraguay y Argentina.

El mismo día 12, se firmó un protocolo adicional donde se determinaba que las hostilidades se suspenderían a las 48 horas de ese momento, por un plazo de diez días, para que se efectuaran las ratificaciones del principal acuerdo. En ese documento se solicitaba, asimismo, que la Comisión de Mediación enviase una comisión neutral al frente de operaciones con el fin de reglar el cese de fuego y comenzar el trabajo de fijación de las líneas de separación de los dos ejércitos.

No obstante, la guerra continuaba. El protocolo adicional había establecido que el cese de fuego debería comenzar a las 12 horas del 14 de junio. De ese modo, mientras los pueblos boliviano y paraguayo festejaban jubilosos la paz, saliendo a las calles, concentrándose en las plazas y haciendo repicar las campanas, en el frente se seguía combatiendo.

Por increíble que parezca, el comando del Ejército nacional determinó que media hora antes de que se suspendiera la guerra se rompiese fuego en todo el frente y con todas las armas. Parece que la intención era efectuar una demostración del potencial bélico para impresionar al enemigo y quizás colaborar a la acción de nuestros diplomáticos que negociaban en Buenos Aires.

Por fin, a la hora convenida de ese 14 de junio, callaron las armas. Los soldados cesaron de combatir y en todo el frente se sintió un silencio impresionante. Según contaban los combatientes, ese silencio fue más aterrador que el tronar de los cañones de pocos minutos antes. Casi a los tres años de haberse iniciado, la Guerra del Chaco finalizó definitivamente.

Cabe destacar que, pese a las órdenes de sus comandantes que impedían el contacto entre las tropas, los soldados bolivianos y paraguayos salieron de sus trincheras para abrazarse y demostrar que no existían odios ni rencores que impidiesen un acercamiento entre sus pueblos.

El Protocolo del 12 de junio de 1935 se constituye en un hito fundamental en nuestras relaciones con el Paraguay, porque divide dos épocas muy distintas. La primera, que desembocó en la guerra, fue un largo periodo de desconfianza y enemistad entre los dos países; y la segunda, posterior a la guerra, en la que los pueblos boliviano y paraguayo han superado sus recelos y se encaminan hacia una relación de hermandad. De todos modos hubo que espera tres años más para dar fin al conflicto del Chaco, con la suscripción del Tratado definitivo de paz de 21 de julio de 1938.

Como corolario, es menester destacar la determinación efectuada por el Congreso paraguayo, hace unos 20 años, de devolver los trofeos de guerra conquistados a Bolivia en el Chaco. Según la prensa de Asunción, la entrega de ellos se efectuó “como una muestra de nuevos tiempos de hermandad y deseos de mayor integración que caracterizan a los dos pueblos”. Y, evidentemente, ese hermoso gesto sirvió para cerrar cualquier vestigio de resquemor que hubiese dejado esa tremenda contienda, y dio paso al ingreso de una futura y leal integración entre Bolivia y Paraguay.

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