Columnistas

De octubre su agenda

La lucha de El Alto fue crucial, porque a partir de entonces comenzamos a construir otra Bolivia

La Razón / Jaime Iturri

01:23 / 20 de septiembre de 2013

En un abrir y cerrar de ojos han pasado diez años desde que los alteños, sus vecinos paceños y gente de todo el país se levantaron en octubre de 2003 para oponerse a la exportación del gas boliviano a través de puertos chilenos hacia Estados Unidos.

Ha corrido mucha agua bajo el río desde entonces, aunque sigo imaginando que el levantamiento fue hace muy poco. Hoy, por ejemplo, cobramos muchos más impuestos a las petroleras y se han dado dos logros fundamentales: la revitalización de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) y el comienzo de la industrialización de los hidrocarburos, a través de la planta de procesamiento de urea en Bulo Bulo y las dos plantas de separación de líquidos.

Esto demuestra que la lucha no ha sido en vano. En medio de los gases y las balas, en medio de los gritos de dolor de los heridos y de rabia de los bolivianos, la consigna era “que nos consulten”; entonces nos consultaron y ahora estamos construyendo futuro aprovechando nuestro gas.

Atrás ha quedado la cháchara de los agoreros que decían que ya no habría más producción de gas. La verdad es que estamos produciendo este energético como nunca antes. He incluso podemos vender más a Brasil. Súmele a ello que ya el 10% de la población boliviana cuenta con gas domiciliario. Agréguele los esfuerzos para producir más gasolina de manera que rebaje la cantidad de combustible importado, y con él, las subvenciones. El resultado es que hemos avanzado.

Hay, claro está, puntos oscuros, como la corrupción descubierta en la construcción de la planta de Río Grande o aquella que involucra a Santos Ramírez. La salvedad es que en cuanto se descubrió, los culpables fueron a parar a la cárcel.

Queda la épica lucha de los alteños que pararon los tanques, que evitaron que los carros  cisterna llegaran hasta La Paz, que voltearon a un gobierno antinacional. El Alto apostó por la nación y logró cerrar el ciclo del oprobio, el del neoliberalismo que, bien visto, se resume en enriquecer a los que ya eran ricos (y a unos clase medieros que entraron al Estado a capitalizar sus bolsillos) y a aumentar la pobreza de los marginados de siempre.

Hubo otras luchas, como la guerra del agua, los bloqueos campesinos, las marchas de los indígenas amazónicos; pero la de El Alto fue crucial, porque a partir de entonces comenzamos ya no a soñar, sino a construir otra Bolivia, una que responda a la agenda de octubre, ese octubre de 2003 cuando se tomó el cielo por asalto.

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