Columnistas

Por odio

La Razón (Edición Impresa) / Con la punta de la aguja - Julieta Paredes Carvajal

00:00 / 20 de agosto de 2017

El odio es un sentimiento que corroe todo lo que toca, pero también al ser que lo alberga y lo alimenta en su vida. El odio no es un sentimiento que tiene origen en el amor, para nada, eso está bien para valsecitos peruanos y tangos argentinos. El odio tiene su origen en la impotencia, la mediocridad y en la envidia y, por lo tanto, en la admiración de la consecuencia, de la coherencia ética y de la genialidad que deslumbra.

El odio es un sentimiento que muestra complejos muy profundos como la competitividad. Se lo suele confundir con la búsqueda de ética, de equilibrio y de reivindicación histórica. Pero no, es otra cosa, solamente mañudas y odiadoras lo camuflan y confunden. Por ejemplo, la clase obrera no odia a los burgueses como personas, combate la explotación del hombre por el hombre. Pero cuando un obrero odia a su patrón hay que preguntarse, cuánto se ha dejado penetrar por la ideología burguesa, cuánto admira a su patrón y en qué medida quiere ser como él. La reivindicación justa de la clase obrera no lo va hacer por el odio ni la venganza, lo hará por la incorporación al trabajo de los burgueses otrora explotadores del trabajo de otros seres humanos.

El odio está alimentado por profundos sentimientos de envidia y frustración, por eso se ve a los y las odiadoras copiar, plagiar pensamientos, performances del cuerpo, ideas, conceptos, formas de hablar, etc. En realidad, los y las odiadoras sienten envidia y compiten con los que odian; pues estos últimos ponen en cuestión una jerarquía, ponen en cuestión la impunidad y los poderes que son deseados por quienes lo tienen o quieren tenerlo.

Lo paradójico de esto es que quienes a veces tienen un minipoder como los machistas frente a sus compañeras de vida, que los aman y esperan vivir la vida con ellos, en medio de sus complejos desarrollan un odio que se convierte y alimenta la misoginia patriarcal, y pudiendo ser felices impulsan el odio y hasta las matan por causa de este sentimiento.

El odio hoy se expresa en comportamientos y discursos racistas, lesbofóbicos y misóginos, entre otros. Hoy, desde presidentes y medios de comunicación se incita al odio. Se trata de discursos apoyados democráticamente que encandilan a gran parte del electorado y que permiten la llegada al poder de gobiernos como el de Trump en Estados Unidos. Son propiciados desde medios de comunicación como CNN, que incita al aniquilamiento de la Venezuela revolucionaria. La estigmatización de los cuerpos como ilegales, narcotraficantes, violentos, maleantes, terroristas, etc. también es moneda corriente.

Indigna ver por los medios de comunicación que los resultados de todos estos discursos y complicidades provoca la muerte de hermanos y hermanas que estaban en la Iglesia, en la calle, en el mercado; que son embestidos, atropellados, acribillados, destrozados por bombas y demás maldades que nos matan. Nosotras, feministas comunitarias, tomamos mucha distancias de las “antis”, pues ser “anti” es ser hipócrita y puristamente fascista. Somos parte de este mundo y tomamos decisiones ético-políticas; entonces el título de este escrito debió ser: “Por amor”.

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