Columnistas

Feminismo radical en América Latina

Las mujeres latinoamericanas saben que el freno a la violencia de género comienza con la política y el poder.

La Razón (Edición Impresa) / Vanessa Barbara

00:00 / 09 de febrero de 2020

Días atrás, durante el proceso de selección del jurado para el juicio penal de Harvey Weinstein, decenas de mujeres se reunieron afuera de un tribunal de Manhattan (Nueva York) para interpretar una versión del himno feminista conocido como Un violador en tu camino. Primero en español y luego en inglés, ellas cantaban: “El patriarcado es un juez que nos juzga por nacer / y nuestro castigo es la violencia que no ves”.

Esta canción y su coreografía fueron concebidas el año pasado por el colectivo feminista Lastesis, con sede en Valparaíso (Chile), y está basada en el trabajo de la antropóloga argentino-brasileña Rita Segato. La letra describe la forma en que el Estado defiende las transgresiones sistemáticas a los derechos de las mujeres a través de instituciones como el Poder Judicial y la Policía. No es solo que los integrantes de esas instituciones sencillamente ignoren las denuncias (al mirar hacia otro lado y poner en duda los testimonios de las víctimas), sino que a menudo ellos mismos son los perpetradores. “El Estado opresor es un macho violador”, dice la canción.

Un violador en tu camino fue interpretada por primera vez frente a un cuartel de la Policía por un pequeño grupo durante una manifestación en Valparaíso, el 20 de noviembre de 2019. Luego, cientos de activistas lo repitieron cinco días después en Santiago, el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. A principios de diciembre, un grupo de miles de mujeres reunidas cantó ese himno afuera del Estadio Nacional en la capital, el cual fue un recinto de tortura y reclusión durante la dictadura militar de Chile. En una de las estrofas, la canción hace mención de la “desaparición” de mujeres.

A partir de ahí, se propagó en todo el mundo: Londres, Berlín, París, Madrid, Barcelona, Tel Aviv, Nueva Delhi, Tokio, Beirut, Estambul, Ciudad de México, Caracas, Lima, Buenos Aires, entre otros lugares. Según AP, en Manhattan provocó “un barullo tan sonoro que llegaba a escucharse hasta el piso 15 de un juzgado”.

La coreografía del baile comienza con un ritmo de repiqueteo de tambor, mientras las mujeres hacen un movimiento de lado a lado y zapatean al mismo ritmo. Muchas estrofas hablan acerca de la violencia contra las mujeres a nivel universal: mencionan la violación, el feminicidio, la impunidad para los asesinos. “Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía”, gritaban como si de manera colectiva rechazaran los típicos argumentos que se usan para culpar a las víctimas.

Pero también tiene fuertes elementos locales que quizás no advierta el público en general. Una estrofa reproduce literalmente con sarcasmo el himno de la Policía chilena: “Duerme tranquila, niña inocente / sin preocuparte del bandolero, / que por tu sueño dulce y sonriente, / vela tu amante carabinero”. El título Un violador en tu camino también es una apropiación irónica de un antiguo lema utilizado por la Policía nacional: “un amigo en tu camino”.

La representación también hace referencia al abuso de la Policía en Chile y, por extensión, en países vecinos. Una parte de la coreografía incluye agacharse con las manos detrás de la cabeza. Un procedimiento común de cateo que aún se realiza en muchos países latinoamericanos: los oficiales de la Policía y los carceleros a menudo obligan a las mujeres (a veces incluso a los niños) a agacharse, desnudos, con el fin de realizar un cateo en las cavidades corporales.

Las activistas llevan una venda de encaje negro en los ojos como símbolo de las formas con frecuencia invisibles en que se vulnera a las mujeres, pero también como un guiño a los cientos de personas que la Policía chilena ha dejado ciegas parcialmente en los últimos tres meses en medio de las protestas que se están realizando (desde el inicio de las manifestaciones, el Instituto Nacional de Derechos Humanos de Chile ha presentado 1.080 demandas contra el Estado, 770 por acusaciones de tortura y trato inhumano; así como 158 por agresión sexual, incluyendo cuatro por violación).

En los países latinoamericanos, las mujeres que cantan esta canción también portan pañuelos verdes —que simbolizan la campaña a favor de la legalización del aborto—. El uso de pañuelos verdes como emblema del derecho al aborto procede de los pañuelos blancos que llevaban las Madres de la Plaza de Mayo, cuyas hijas e hijos fueron desaparecidos durante la dictadura militar en Argentina.

Pero Un violador en tu camino es mucho más que los casos latinoamericanos específicos; por ello se ha difundido tan rápido y tan lejos. Habla de algo que es verdad en muchísimos países, no solo en Chile, Argentina o Brasil. “El violador eres tú”, repiten las mujeres aquí y en todas partes, ya sea señalando un juzgado, un cuartel de la Policía o el palacio presidencial. Piensan que las agresiones contra las mujeres no son sucesos aislados, vinculados nada más con relaciones interpersonales, sino más bien fundamentalmente políticos. Las activistas señalan a las instituciones como las que facilitan la violencia de género, al deshumanizar a las mujeres de manera sistemática y promover ideologías que las mantienen sometidas.

Como prueba de que en verdad es un tema político a nivel global, echemos un vistazo a Turquía, donde la Policía dispersó una manifestación en Estambul en la que se interpretaba la canción y confiscó el megáfono de las activistas. Arrestaron a seis mujeres por, supuestamente, insultar al Presidente y degradar a las instituciones del Estado. En otro incidente, los juzgados emitieron órdenes de arresto en contra de 25 mujeres que protestaron en Izmir, mientras que otras nueve fueron detenidas.

“Turquía se ha convertido en el único país en donde se debe tener inmunidad para organizar una protesta de este tipo”, dijo la legisladora Sera Kadigil, cuando ella y otras compañeras interpretaron una versión de la canción en el Parlamento. No debería sorprendernos que las mujeres conformen solo el 17% de las representantes en el Parlamento turco y el 11,8% de los cargos ministeriales. En el “Informe Global de Brecha de Género 2020”, del Foro Económico Mundial, este país se sitúa en el lugar número 130 de 153.

En Brasil, las estadísticas son igual de deprimentes. Las activistas han añadido algunas estrofas a la letra de Un violador en tu camino que dicen: “Aquí está Marielle. Su asesino es amigo del Presidente”. Se refieren a Marielle Franco, integrante del ayuntamiento brasileño que fue asesinada en 2018, y al hecho de que el presidente Jair Bolsonaro tiene vínculos con los dos sospechosos del asesinato (la investigación está en curso). En Brasil, las mujeres ocupan el 15% de los escaños de la Cámara Baja y el 9% de los puestos ministeriales.

Según el “Informe Global de Brecha de Género 2020”, la mayor desigualdad de género en el mundo se sigue encontrando en el ámbito del empoderamiento en materia política. Me atrevo a decir que es donde comienza todo lo demás. Solo el 25% de los 35.127 escaños en el Parlamento a nivel global están ocupados por mujeres, cifra que desciende a solo un 21% a nivel ministerial. En nueve de los 153 países que estudia el foro, las mujeres no tienen representación. Durante los últimos 50 años, 85 países no han tenido ninguna jefa de Estado.

No sorprende que las mujeres de Chile, donde se compuso la canción, estén exigiendo igualdad de género para una próxima convención constitucional. No habrá justicia para las mujeres mientras sigamos fuera del proceso político. No habrá ninguna esperanza de equidad. Los violadores seguirán mientras la mayor parte de nosotras nos quedemos impotentes señalándolos con furia y en vano afuera de los juzgados, los cuarteles de la Policía y los palacios presidenciales.

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